2013/08/21

Límites


La falta de cumplimiento a las normas se ha puesto de moda y se ha convertido en una práctica generalizada que invalida cualquier esfuerzo por mantener la paz, el orden y la normal convivencia de los seres humanos en todos los ámbitos de esta sociedad.

Parece haberse instalado en el inconsciente colectivo que las reglas existen para no ser cumplidas, sin tener en cuenta que sin normas de convivencia estamos destinados a matarnos unos a otros.

Cada individuo necesita encontrarse a sí mismo, conocerse y descubrir su propia identidad como ser único; y ese proceso tiene lugar en la adolescencia. Pero también existen grupos sociales que aún no han logrado trascender la etapa de la búsqueda de su identidad como comunidad y que se comportan como adolescentes mostrando una conducta colectiva transgresora y falta de responsabilidad por sus actos.

Una sociedad consiste en un conjunto de individuos organizados, sin embargo, no siempre esta condición se cumple y lejos de constituir una sociedad, algunos grupos humanos son solamente eso, un conjunto de personas que se enorgullece de ser irresponsable e inclusive se burla de los que se atreven a cumplir las normas.

Lamentablemente, este estado de ser en la sociedad, repercute en las familias, cuyos descendientes incorporan esos valores y aprenden a hacer lo mismo.

Muchos creen que las normas sólo existen para quitarles la libertad ya que les parece que éstas han dejado de ser racionales y fruto de un consenso para convertirse en órdenes arbitrarias que se contradicen unas a otras.

El hecho de que el sistema normativo formal difiera de la realidad, porque la gente no lo cumple, hace que los individuos comiencen a desconfiar de la justicia y perciban a las autoridades que intentan hacer cumplir las reglas, como autoritarias e injustas y a quienes respetan las leyes como estúpidos.

Por estas razones vemos a diario excesos y abusos en todos lados, falta de respeto por la propiedad privada pintando paredes, circulando con el auto con la música a todo volumen, ocupando la vía pública para vender productos en forma ilegal o quedándose a dormir a la noche en la ciudad en cualquier lado; porque no todos los que duermen en la calle son gente sin hogar.

La conducta social depende de cada uno de sus individuos y si éstos hacen caso omiso de las reglas de convivencia la sociedad en que viven puede derrumbarse.

Las normas tienen una doble función, por un lado existen para que cada ciudadano pueda ocupar su lugar en la sociedad y por otro para que asuma la responsabilidad de sus actos.

La doble moral es considerar las leyes como letra muerta y burlarse de ella mientras por otro se demanda seguridad y justicia.

Estamos acostumbrados a ver que los que son culpables de los delitos más graves no son sancionados porque pueden pagar un buen abogado y recurrir a argucias legales para liberarse de la responsabilidad de sus actos, mientras que el que no cuenta con este recurso va preso. De modo que lo que falla es el sistema que les permite a los delincuentes zafar y luego ufanarse por su habilidad para eludir el castigo.

Nos quejamos de la rebeldía de los adolescentes y al mismo tiempo compartimos con ellos el mismo hábito: renegar de las normas y reírnos de quien las cumple.

Los adolescentes en crisis es un fenómeno de las sociedades modernas, porque en comunidades tribales no existe; y tampoco existen la doble moral ni el bullying.

Malena

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