2013/09/05

La Sobreprotección


Las madres pueden sufrir de ansiedad cuando tienen niños chicos, porque la intrepidez propia de esa edad les hace temer un accidente. Sin embargo, los hijos deben gozar de cierta libertad de correr pequeños riesgos para crecer sanos y sentirse más seguros de sí mismos.

Los niños siempre están poniendo a prueba sus propios límites; esto puede asustar a sus madres pero para ellos es necesario, porque los ayuda a superar sus miedos y desarrollar un criterio propio sobre el peligro.

Tal como hacen los adultos, los niños también necesitan una dosis de adrenalina que consiguen cuando se encuentran con lo que para ellos puede representar un desafío; porque la vida es movimiento y el movimiento se produce cuando se tiene una motivación.

Midiendo sus fuerzas un niño puede aprender no solamente a escalar para sentir el emocionante placer que le produce la sensación de peligro, sino a desarrollar una actitud en la vida y ser capaz de vencer los obstáculos para lograr alcanzar sus objetivos.

Sabemos que el juego es el entrenamiento que necesita un niño para poder desenvolverse más adelante en la vida, y si cercenamos esa necesidad inculcando en los niños nuestros propios miedos, tendrán un condicionamiento adquirido, no por su propia experiencia, sino por experiencia de otro que no le brinda la oportunidad de tener la propia.

El niño que ha adquirido destreza en el juego aprende a moverse con habilidad, a no lastimarse y a tener la justa valoración del peligro.

Los varones son los que más disfrutan de los juegos violentos y de las peleas y no siempre son conscientes que los golpes que se propinan mutuamente duelen; por eso muchas veces terminan llorando, generalmente más por la ineficacia propia que por el sufrimiento que generan.

Los niños tienen una estructura ósea más flexible que la de los adultos, por eso cuando caen de un árbol rara vez se quiebran, al contrario, se levantan y vuelven a intentarlo.

Actualmente existe un temor no siempre fundado sobre posibles peligros que tienen que enfrentar los chicos en las grandes ciudades; calles repletas de vehículos, posibles asaltos, secuestros o la violación por algún depravado; sin embargo, las estadísticas sobre accidentes, robos, secuestros y violaciones no coinciden con la información que brindan los medios de comunicación, que acostumbran a proporcionar una imagen distorsionada de la realidad repitiendo varias veces las mismas noticias que se interpretan como si fueran otras.

Los padres tienen que tener el suficiente criterio como para permitirles a sus hijos emprender los desafíos que su etapa de desarrollo les permite, sin adelantarse demasiado exigiéndoles hacer cosas para las cuales aún no están maduros y sin compararlos con los demás respetando su ritmo de aprendizaje y tampoco tienen que impedirles que se atrevan a desafiar los retos para los que ellos creen que sí están preparados.

Tienen que dejar que los chicos se ensucien, se embarren y que estén en contacto con la naturaleza; que tengan la oportunidad de aprender a usar herramientas, de construir cosas, de mojarse y de experimentar en el entorno que se encuentran.

Jueguen con ellos y permítanles tener amigos y conocer a sus vecinos.

La sobreprotección no es amor, sino el intento de mitigar la culpa por el rechazo, porque los niños cambian la vida, exigen muchos sacrificios y desvelos y no todos los hijos son deseados. Proteger, apoyar, ayudar y aceptar a los hijos como son, eso es amor.

Los niños necesitan estar activos y hacer deportes; porque si no desarrollan ninguna actividad y se acostumbran a una vida sedentaria, no podrán aprender a interactuar con sus pares, no tendrán confianza ni seguridad en sí mismos, tendrán más problemas psicológicos, mayor riesgo de adquirir adicciones y se enfermarán cinco veces más de depresión que los niños activos.

La actividad física en niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), mejora su estado y hace innecesaria la medicación, según afirma Gerald Hüther, de la Universidad de Gotinga.

En cuanto a los accidentes que pueden ocurrir durante los deportes, son inevitables, pero lo que sí hay que evitar es que esos accidentes sean graves, proporcionando al niño la vestimenta adecuada y protegiéndolo de los posibles riesgos y amenazas del entorno.

Solamente la experiencia y la práctica son constructivas y beneficiosas para el cerebro de un niño, porque es la única manera en que aprenderá a tener sentirse seguro y tener el coraje para enfrentar los desafíos de la vida.

Malena

Fuente: “Mente y Cerebro-Investigación y Ciencia”; No.59/2013; “Derecho al rasguño”; Verena Ahne, antropóloga cultural y periodista científica.

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