2013/10/07

El profundo misterio del sexo


Osho nos cuenta una historia ilustrativa sobre la dificultad que tiene la gente en reconocer que no sabe algo, hasta tal punto que antes prefieren correr el riesgo de decir un disparate.

En una escuela de la India un maestro repasaba por centésima vez la leyenda de Rama, un relato que los niños ya habían oído muchas veces.

El maestro, bastante aburrido, repetía como loro lo que leía, casi sin ver porque ya se lo sabía de memoria, como si estuviera en estado de trance, mientras los niños trataban de no quedarse dormidos.

De pronto, entró en la clase un inspector del Ministerio de Educación y se produjo un cambio en la situación, el maestro comenzó a hablar en voz más alta y los niños a prestar atención.

El inspector se alegró que estuvieran tratando ese tema y sabiendo que a los niños les interesan las historias de acción y conociendo a fondo la leyenda de Rama le preguntó a los niños: “¿ quién me puede decir quién rompió el arco de Shiva?”

Uno de los niños levantó la mano y le dijo que él no había sido ya que estaba acostumbrado a que lo culparan por todo lo que se rompía.

Ante esta contestación, el inspector se quedó petrificado y volviéndose hacia el maestro para corroborar el mismo asombro, le escuchó decir: “Seguro que fue él ya que siempre es el que rompe algo en esta escuela”

Sin decir una palabra, el inspector salió del aula y se dirigió a la dirección para contar qué es lo que había escuchado en el aula.

El director, sin mostrar señales de sorpresa, le respondió que cualquiera que haya sido el que rompió el arco, lo mejor en estos casos era no decir nada porque los alumnos eran capaces de hacer huelga y hasta de quemar la escuela.

Sin poder creer lo que oía, el inspector se dirigió al presidente del comité del colegio, quien no vaciló en apoyar al director y afirmar que su juicio era muy prudente, ya que el comité se encargaría de reparar el arco que se había roto y era mejor olvidarse del asunto.

El cuento revela que la gente siempre quiere demostrar que sabe y que no está dispuesta a decir que no sabe, cuando no sabe, prefiriendo hacer el ridículo antes de reconocer su ignorancia.

Lo mismo pasa en la vida, por ejemplo, muchos no saben nada sobre el sexo y sin embargo están casados y tienen hijos. Pueden haber tenido esa experiencia miles de veces pero saben de sexo menos que un niño.

El día que la humanidad investigue, descubra y reflexione sobre lo que significa el sexo y su importancia, habremos entrado en una nueva era, porque la energía sexual es lo más misterioso y profundo de la vida y nadie se atreve a hablar seriamente del asunto.

La gente común se maneja con eufemismos, frases de doble sentido, chistes verdes, palabras alusivas, gestos procaces, cuando habla de sexo y lo que dice resulta ambiguo y superficial; lo suele practicar como un ejercicio físico y hasta lo usa para bajar de peso.

Nadie sabe lo que es el sexo porque todos nacemos sin saberlo y luego algo tan importante y valioso se convierte en tabú.

Pocos saben que durante la relación sexual se experimenta la ausencia del ego y del pensamiento y muchos menos son los que llegan a comprender plenamente el arte, el proceso y la ciencia del sexo.

La mayoría tiene sexo pero jamás dirá que no sabe nada de sexo.

Los que han investigado sobre el sexo dicen que si un orgasmo dura un minuto, la persona deseará hacer el amor al día siguiente; si dura tres minutos, no pensará en el sexo durante una semana; si el orgasmo se llegara a prolongar siete minutos la persona se sentirá libre del sexo durante tres meses y si un orgasmo se prolongara hasta tres horas, esa persona se liberará del sexo para siempre.

Resulta difícil imaginar tres horas de orgasmo, por eso nos pasamos la vida esclavos del sexo.

Osho dice que es posible prolongar el orgasmo si uno tiene en cuenta ciertas claves.

Por ejemplo, cuanto más lentamente se respira durante el acto sexual más prolongado será el orgasmo y cuanto más relajada sea la respiración, la duración del orgasmo puede prolongarse en forma indefinida.

Otra clave para prolongar la duración del orgasmo es fijar la atención entre los dos ojos, o sea en el tercer ojo; porque de pronto se darán cuenta que la verdadera atracción que sienten no es hacia el acto sexual propiamente dicho, sino hacia la experiencia de la iluminación y la supraconciencia, hacia la ausencia del ego y la pérdida de la noción del tiempo; momento en que se les revelarán nuevos significados y profundidades y en el que surgirá una nueva comprensión del sexo.

Malena
Fuente: “El libro del sexo- - Del Sexo a la Supraconciencia”; Osho.

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