2014/02/04

Alimentación y Salud Mental



La flora microbiana intestinal protege de enfermedades, favorece el bienestar del cuerpo y ahora también parece aportar equilibrio psíquico e influir en el estado de ánimo.

Emeran Mayer de la Universidad de California en Los Ángeles, uno de los más destacados científicos en Neurogastroenterología (ciencia que relaciona los problemas digestivos con la psique), en 2011 publicó un artículo en el que afirmaba que los microbios intestinales emiten señales químicas que pueden modificar la memoria y aún los sentimientos.

Este vínculo entre las bacterias de la microbiótica intestinal con el estado de la psique y con todo el cuerpo se está haciendo cada vez más notorio.

Las señales que emiten estos microorganismos unicelulares  y que reciben miles de neuronas, son transmitidas por el nervio vago al cerebro. 

Por otro lado, la flora microbiana influye también en los procesos inflamatorios.

Emeran Mayer confía en que si se comprueba científicamente que existe una relación entre la flora intestinal y los problemas psíquicos se podrían encarar tratamientos por ese medio.  Pero lamentablemente, las investigaciones realizadas en humanos aún resultan insuficientes como para ser tan optimistas.

Por ahora han surgido algunos indicios que revelan que por ejemplo, niños con autismo suelen tener una flora microbiana intestinal alterada; y pacientes con fatiga crónica presentan características parecidas.

La información entre el intestino y el cerebro es de ambos lados lo que hace difícil discriminar dónde está la causa y dónde el efecto; si son las bacterias intestinales las que influyen en el cerebro o si es el cerebro el que emite los mensajes químicos que regulan los microorganismos intestinales.  Además, no hay que olvidar  que las personas que sufren depresión o fatiga crónica suelen alimentarse en forma diferente a las sanas, lo que podría indicar que la alteración de la flora microbiana sería el efecto de una enfermedad psíquica y no la causa.

Sin embargo, los descubrimientos recientes muestran que los microorganismos intestinales influyen en el desarrollo del cerebro y en consecuencia, también en la conducta.

Es sabido que el estrés puede causar inflamaciones y los científicos creen que hay una relación entre los factores inflamatorios y la depresión.

Según un estudio realizado en 2010 por el equipo de John Cryan de la Universidad de Cork, con roedores, existen unos microbios que se encuentran habitualmente en la flora intestinal, llamados bifidobacterias, que provienen de la ingestión de la leche materna y que podrían ejercer un efecto antidepresivo y un aumento del factor de crecimiento neural en el hipocampo, región del cerebro que contribuye al aprendizaje y que disminuye su tamaño en caso de depresión.

Se pudo observar que los ratones que consumían lactobacilos en sus comidas resistían mejor el estrés y tenían menos temor que los que no ingerían esa bacteria.

En 2007, científicos de la Universidad de Gales en Swansea hicieron esta prueba con humanos.  Los voluntarios que tomaron el lácteo probiótico mejoraron en mayor medida su estado de ánimo que los que recibieron un placebo.

En 2009 un equipo de científicos de la Universidad de Toronto obtuvo el mismo resultado con pacientes con fatiga crónica.

Sin embargo, se necesitan nuevos estudios que confirmen estas investigaciones para obtener pruebas biológicas más sólidas sobre la influencia de la flora microbiana intestinal sobre el cerebro.

Los lactobacilos y las bifidobacterias se encuentran presentes en el yogur y en los quesos que consumimos habitualmente.

Malena

Fuente:  “Mente y Cerebro”; No.61/2013;  “El estómago como regulador del ánimo”; Stefanie Reinberger.

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