2014/11/19

Las Emociones



¿Son las emociones simples reacciones cerebrales que se pueden explicar como una mera actividad neuronal o son sentimientos que van más allá del intrincado cableado del cerebro?

¿Es el cerebro el único responsable de mantener controladas las emociones? ¿Se pueden borrar definitivamente los malos recuerdos? ¿Se pueden predecir enfermedades como la depresión con el estudio del ADN?

Todos experimentamos emociones, sin embargo, la forma de expresarlas suele ser diferente.

No es fácil controlar la ira, calmar la angustia o evitar dar rienda suelta a nuestras pasiones, porque cuando una emoción nos embarga no podemos reflexionar, sólo podemos sentir.

Sin duda las emociones pueden producir cambios bioquímicos en el cerebro y a su vez algunos de estos cambios también pueden provocar conductas específicas.

Todo ocurre en nuestra cabeza, sin embargo, en cuanto a sentimientos se refiere, nunca pensamos que son producto de procesos neurofisiológicos.

Aunque las emociones forman parte de un proceso biológico, los estudios de laboratorio no han podido explicar aún qué son los sentimientos.

Por otra parte, las emociones son influidas por los valores culturales y el contexto personal que son los que moldean nuestras ideas y juicios.

Lo cierto es que aunque científicamente se traten de explicar las emociones, sólo existe la experiencia interior de cada individuo de esa emoción.

De modo que no podemos confiar nada más que en las teorías y los experimentos sino que también tenemos que considerar la experiencia personal y otros elementos subjetivos como por ejemplo los enfoques de la literatura, el arte o la filosofía, que son una fuente de conocimientos que puede ayudar a comprender mejor las emociones.

Según el punto de vista existencial, la angustia es parte de la condición humana y nos ayuda a enfrentar la existencia, lo mismo que el miedo que puede salvarnos de situaciones de peligro.

Según la filosofía de Martin Heidegger (1889-1976), nuestra vida transcurre pasando de un estado de ánimo a otro, envueltos en una red de circunstancias y actividades.

De ese modo solemos caer en la rutina, la que confundimos con nuestro sentido de la vida.

La angustia surge cuando se pierde la relación armónica con el mundo y la persona se da cuenta que lo que está haciendo de su vida es irrelevante y banal.  Sin embargo, esta crisis es la que brinda la oportunidad de elaborar un nuevo proyecto y una mejor perspectiva de la vida.

La angustia, dice Heidegger, es la que nos permite cambiar para mejor.

El amor romántico también ha captado el interés de los científicos que estudian las emociones, porque incluye también entusiasmo, angustia, tristeza y también ira.

Intentan explicar las etapas del amor, desde el inicio hasta la unión estable en pareja, y hallar la diferencia entre el deseo sexual y el amor platónico.

El órgano principal del amor no es el corazón sino el cerebro, dicen.

Así como una persona se hace adicta al cigarrillo también puede hacerse adicta a una persona.

Pero el amor romántico, generalmente disminuye en poco tiempo, el entusiasmo decrece y la persona idealizada se comienza a ver tal cual es.

Se sabe que los seres humanos por naturaleza, son amantes de las novedades y la escasez de cosas nuevas en una relación puede agotarla hasta hacerla desaparecer.

Sin embargo, muchas veces ese amor ciego, puede llegar a permitir descubrir las cualidades que hacen a esa persona única y poco a poco dejar lugar a un sentimiento más maduro.

Concebir el amor solamente como una relación permanentemente fogosa es de poca utilidad en la vida cotidiana.

¿Qué hacemos con una pareja que sólo nos ama con pasión pero que se empeña en vivir vegetando y sin trabajar?

Ciertamente, las emociones comienzan siendo procesos biológicos pero finalmente se manifiestan enraizadas en circunstancias personales muy complejas.

Malena

Fuente: “Mente y Cerebro”; No.64; “¿Qué significa sentir?”; Giovanni Frazzetto, que se desempeña en el King´s  College de Londres. 

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