2015/08/04

Biografía de Sigmund Freud - Primera parte - Psicología Malena Lede



Sigmund Freud nació en 1856 en la pequeña ciudad de Freiberg, Moravia, en aquel entonces y actualmente República Checa.

A los cuatros años sus padres se radicaron en Viena, donde cursó todos sus estudios. Siguió la carrera de medicina sin mucha convicción, preocupado por su origen israelita que consideraba una condición desfavorable por ser extranjero.

Exceptuando la Psiquiatría, los estudios médicos no lograban atrapar su interés, lo que hizo retrasar su carrera, recibiéndose de doctor en 1881.

Para poder ganar dinero se dedicó al estudio de las enfermedades nerviosas, afecciones que recibían poca atención en Viena.

Freud no tenía ningún conocimiento sobe la neurosis; pero había trabajado en el laboratorio fisiológico de Ernesto Brücke y sus ayudantes, todas personas que le inspiraron mucho respeto y que tomó como modelos.

Allí realizó una investigación sobre la histología del sistema nervioso, tarea que recibió la franca aprobación de Ernesto Brücke.

Interesado por la fama de Charcot, en Paris, sobre enfermedades nerviosas, Freud trató de conseguir el puesto de “docente” en esa rama, para trasladarse a esa ciudad y ampliar sus conocimientos.

En 1885 le fue otorgada la vacante de docente de Neuropatología, gracias a sus trabajos histológicos y clínicos. Poco después, el Dr. Brücke le consiguió una buena pensión para estudiar en el extranjero y se trasladó a París.

Al principio fue uno de los tantos médicos que estudiaban en la Clínica de Salpetriere, hasta que un día Charcot le encargó la traducción alemana de sus Nuevas conferencias y le permitió participar en todo lo que sucedía.

Lo que más impresionó a Freud fueron las últimas investigaciones de Charcot sobre la histeria.

Antes de regresar a Viena pasó algunas semanas en Berlín para adquirir conocimientos sobre enfermedades de la infancia, porque en Viena, el doctor Kassowitz, que dirigía un Instituto de enfermedades de la niñez le había prometido destinar una sala a las enfermedades nerviosas infantiles.

En ese instituto publicó varios trabajos sobre las parálisis cerebrales de los niños.

En 1886 contrajo matrimonio con su prometida y se estableció como neurólogo en Viena donde fue invitado a la Sociedad de Médicos para trasmitirles lo que había aprendido en la Clínica de Charcot; pero su información tuvo una mala recepción y fueron consideradas increibles.

Las innovaciones aportadas por Freud sobre la histeria masculina y la producción de parálisis histéricas por medio de la sugestión fueron rechazadas por la Sociedad de Médicos, le fueron cerradas las puertas del laboratorio de Anatomía cerebral y no tuvo lugar para dictar sus conferencias.

Desde entonces se retiró de la vida académica y de relación profesional y no volvió a la Sociedad de Médicos.

Durante sus primeros años de actividad, la sugestión hipnótica fue su principal instrumento de trabajo, lo que le daba a su labor médica un considerable atractivo; pero más tarde descubrió que este procedimiento tenía dos defectos, no se podía hipnotizar a todos los enfermos y no siempre podía lograr una hipnosis tan profunda como la que necesitaba.

Freud conoció al doctor José Breuer, un profesional de la medicina muy acreditado con quien compartió todo interés científico.

Breuer había descubierto un método terapéutico durante el tratamiento de una paciente. Provocaba en ella un profundo sueño hipnótico y le pedía que le relatara lo que alteraba su estado de ánimo en ese momento. De esa manera dominaba la perturbación depresiva y con el mismo procedimiento provocaba la desaparición de las inhibiciones y de los trastornos somáticos.

El resultado era que todos sus síntomas se debían a impresiones intensas vividas durante el tiempo que había estado cuidando a su padre enfermo.
En esas ocasiones, había tenido que reprimir un impulso o un pensamiento y en su lugar había aparecido el síntoma. Pero el síntoma no era el resultado de una sola escena traumática sino de muchas parecidas.

Durante la hipnosis, cuando la paciente liberaba el afecto reprimido desaparecía definitivamente el síntoma.

Freud comenzó a utilizar esta técnica con sus pacientes y pudo constatar durante varios años de práctica profesional que ni un solo caso de histeria accesible a este método, no confirmase los descubrimientos de Breuer.

Breuer denominó a este método “catártico” que alcanzó muy buenos resultados, siempre con las limitaciones que presentaba la hipnosis.

(Continúa Segunda Parte)

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