2015/09/04

El Cerebro del padre - Psicología Malena Lede


Las investigaciones han demostrado que el cerebro del hombre cambia durante la gestación de su hijo, además de los cambios emocionales, físicos y hormonales que lo preparan para la conducta paternal.

Es probable que el instinto protector, tanto en la madre como en el padre, esté presente en el cerebro como una impronta y que todas las manifestaciones del bebé lo activen para reforzar ese instinto.

Aunque el instinto no es todo para el desempeño del rol de un padre, ya que exige que también haya contacto físico y una participación activa en la crianza, la combinación entre el instinto y la actitud mental hacia el hijo hacen que el cerebro establezca las conexiones necesarias que fortalecerán la relación entre ambos.

Si el padre interviene activamente en el cuidado del niño desde su nacimiento, se crea entre ambos un entendimiento recíproco denominado sincronía paterno-filial favorecido por la nueva condición cerebral que afirma el instinto protector.

El bebé puede distinguir al padre y a la madre poco tiempo después de nacer y a partir de los tres meses, si el padre asume su rol, se convierte en la estrella para su hijo.

A veces, la madre suele no confiar demasiado en el padre del niño para su cuidado y no le permite ser padre. En este caso, los estudios realizados han demostrado que la madre que favorece la participación del padre en esta tarea refuerza la unión de su matrimonio y si además el padre acostumbra a jugar con su hijo, lo ayudará a desarrollar su curiosidad y aumentará su capacidad de aprendizaje.

Investigaciones a largo plazo realizadas en Alemania dieron como resultado que los hijos que jugaban con sus padres en forma brusca desde los dos años, en la adolescencia eran más seguros de sí mismos.

Los padres les dan a los hijos órdenes más directas que las madres, que por lo general mantienen con ellos una comunicación más emocional.

Sin embargo, esta forma de comunicarse ambos con sus hijos resulta eficaz, ya que es un hecho que la severidad del padre junto a la blandura de la madre ayuda al hijo a enfrentarse con el mundo real que exige ambas perspectivas.

Estudios realizados en Suecia demuestran que la disciplina activa del padre es un elemento esencial que contribuye al éxito de los hijos; entendiendo por disciplina activa una actitud firme y estricta y no castigo físico.

En estos casos, los varones presentaban menos problemas de conducta y mejor rendimiento escolar y las niñas menos problemas emocionales.

Una niña que tiene una estrecha relación con su padre adquirirá las bases emocionales necesarias para relacionarse mejor con su pareja, cuando sea adulta.

Según las investigaciones, una pobre atención parental en la infancia provoca reacciones cerebrales hiperactivas al estrés, haciendo que los jóvenes adultos con esta condición, liberen más cortisol que aquellos que han recibido una mayor atención paterna.

Cuanto más presente esté un padre más conexiones creará su cerebro, las que a su vez reforzarán su conducta parental, para beneficio de sus hijos.

Malena
Fuente: “El cerebro masculino”; Louann Brizendine.







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