A principios del siglo pasado, la niña Kumari Shan Devi, de Delhi, India, desde los cuatro años comenzó a hablar de su vida anterior en la ciudad de Muttra, situada a más de ciento cincuenta kilómetros de donde habitaba.
Contaba que ella había sido la esposa de un comerciante de telas y que vivía en una casa amarilla.
Efectivamente, ese hombre existía en esa ciudad, y al enterarse su familia, un primo de él fue a visitar a la niña quien lo reconoció y contestó todas las preguntas relacionadas con su vida anterior.
Tiempo después, se trasladó el mismo comerciante de telas en persona a Delhi con su segunda esposa y un hijo de diez años fruto de su unión con su primera esposa.
La niña lo reconoció y contestó todas las preguntas que él le hizo con toda precisión. Al poco tiempo ella viajó hasta Muttra con sus padres y tres investigadores privados, donde pudo identificar al hermano mayor de su eposo y a su suegro.
Conocía muy bien el camino correcto para llegar a su antigua casa, reconociendo que la calle ahora estaba asfaltada y que había muchos edificios nuevos; reconociendo a su antiguo hermano que ahora tenía 25 años, al hermano de su suegro y también distinguió a sus padres antiguos entre un grupo de cincuenta personas.
La primera esposa del comerciante había muerto a los 23 años, después del nacimiento de un hijo y entre su muerte y reencarnación sólo habían pasado unos tres meses.
Los recuerdos de los niños de sus vidas pasadas van desapareciendo con los años y la reencarnación, en otros casos similares no siempre se produce en un corto lapso sino que puede ocurrir después de más de cincuenta años.
La persona pudo haber sido hombre y haber encarnado como mujer pero recordando al detalle toda su vida anterior, no siempre en el mismo país ni hablando el mismo idioma, sino de dentro de una cultura diferente.
En un accidente occurrido ocurrido en una ruta a mediados del siglo pasado, Ellen y John Pollok de Hexham, Inglaterra, perdieron a sus dos hijas de 11 y 6 años de edad. Después de unos años el matrimonio tuvo dos mellizas. Una de ellas tenía una cicatriz de nacimiento igual a una de sus hijas fallecidas y mostrsaba otras marcas de nacimiento en la cadera izquierda. Las dos niñas distinguieron los juguetes de sus hermanas fallecidas y los nombres de las muñecas, reconocían el colegio donde fueron.
Los padres estaban convencidos que sus hijas habían renacido.
Para quien le interese este tema el libro de Braian Weisz, Muchas vidas muchos maestros, es una obrita encantadora donde se puede incursionar en este fenómeno de esta vida que aún nadie ha llegado completamente a entender.
Malena Lede
Publicar un comentario
Muchas gracias por participar de este espacio!