Publicado por Malena el miércoles, 26 de noviembre de 2008

El Cordón de Plata

Cyril Hoskin, nació en Inglaterra en 1910. Proveniente de una familia modesta intentó dedicarse a diversos trabajos sin éxito hasta que un día, cansado de dar vueltas sin ningún resultado, se le ocurrió escribir un libro sobre los tibetanos y el budismo.

El título de ese libro fue “El tercer ojo” y lo publicó en la década de los años cincuenta con el pseudónimo “Lobsang Rampa” adoptando una identidad que aparentaba pertenecer a una familia de mayor alcurnia.
Ese libro llegó a mis manos cuando tenía veinte años y me causó gran impresión en un momento en que todavía en el mundo occidental no era muy significativa la influencia de la cultura oriental.

Con ese libro, que tuvo éxito mundial, este autor fue reconocido como uno de los que colaboraron en introducir el Budismo Zen en Occidente, porque provocó una gran conmoción con su contenido, hasta el punto, que las autoridades decidieron investigarlo y hasta acusarlo sobre la autenticidad de sus escritos.

“El cordón de plata” es otro de los libros de Lobsang Rampa, donde afirma que con la meditación se puede lograr que el espíritu se desprenda del cuerpo e ir donde desee, sin ningún límite.

A este fenómeno lo denomina “viaje astral”, que es cuando el cuerpo permanece inmóvil mientras el espíritu deambula libremente ligado al cuerpo yaciente por un fino cordón de plata.

Cuando una persona muere, según sus afirmaciones, este cordón se corta y ya no puede regresar al cuerpo.

Lo curioso es que ese famoso hilo que menciona Lobsang Rampa, ya se menciona en el Antiguo Testamento, texto sagrado muy anterior al Budismo, cuando dice en “Eclesiastés” que una vez que llega el momento de la muerte se corta el hilo de plata y vuelve el polvo a la tierra, de donde vino, y el espíritu vuelve a Dios que es quien lo dio.

Creo que los fenómenos paranormales como éste y como otros que la gente suele experimentar no necesitan estar relacionados con la fe. Simplemente son experiencias extraordinarias que aún no podemos explicar pero que sin embargo existen.

Por ejemplo, hay gente que por causa de un traumatismo de cráneo comienza a experimentar facultades paranormales y esto tiene que tener un fundamento que lo explique, así como la clarividencia o la telepatía.

El mundo en que vivimos está lleno de misterios y de interrogantes todavía sin contestar. El hombre tiende a dar un significado sobrenatural a todos los fenómenos que aún no entiende. Pero todo lo que pasa en el mundo material debe tener una explicación en ese mismo nivel, sin dejar de reconocer que pueden existir otros niveles de realidad fuera de la materia que se rijan por otras leyes.

Cualquiera que tenga gran imaginación puede llegar a pensar que en algunas particulares circunstancias, de alguna manera, esos niveles de realidad podrían conectarse e influenciarse mutuamente con una intención cósmica tendiente a promover el equilibrio y favorecer la evolución universal, manteniendo deliberadamente el misterio sobre el origen del hombre y su destino para evitar cercenar la libertad humana con ese determinismo.





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