2008/11/25

Niños Terribles



Amy y Ricky llevan casados cinco años y tienen dos hijas de dos y tres años.

Deciden de común acuerdo consultar con un psicólogo del comportamiento porque a ambos les resulta imposible controlar a estas niñas.

Amy se mantiene callada en la entrevista y Ricky es el que cuenta cómo sus hijas los dominan con sus berrinches y hacen lo que quieren.

En primer lugar, la casa es un caos; juguetes tirados, ropa sucia en todas partes, y las horas de comer y de dormir son las peores.

La familia nunca se reúne para comer y; las niñas pretenden dormir todas las noches con sus padres y ellos no se sienten capaces de persuadirlas. Molestan todo el día, bailan arriba de la mesa, desparraman todos sus juguetes y se pasan el día peleando entre ellas.

Amy ignora a sus hijas pero tiene un perro dentro de la casa que goza de su preferencia, quedando su marido y sus hijas en segundo y tercer lugar respectivamente.

Las chicas están celosas y lo molestan existiendo el peligro que el animal se quiera defender y las muerda.

Sin embargo Amy parece no darse cuenta de esta situación y minimiza los desquicios que causa.

El psicólogo les advierte que toda la familia tendrá que realizar cambios si desean que esta situación también cambie.

En primer lugar, les fija horarios para las comidas, para el juego, para la siesta y para ir a dormir, los cuales deberán ser respetados.

Amy se muestra reticente y desconfiada insistiendo que no desea ver sufrir a las niñas con estos cambios.

En efecto, después de tres días, en la situación familiar no se ha producido ningún avance, y todo sigue igual. Sus hijas siguen durmiendo con ellos, bailando arriba de la mesa, desparramando sus juguetes y peleando con el perro y también entre ellas.

Sin embargo Ricky está tratando de cambiar y una noche puede lograr que las niñas duerman en sus camas.

Pero Amy, esa noche no pudo aguantar que sus hijas sufrieran por dormir en sus propias camas y las pasó a la suya no obstante estar ambas ya dormidas.

El Psicólogo insiste sobre la necesidad de que cada uno duerma en su cama, que la familia esté reunida para comer, que Amy acompañe a las niñas a jugar afuera, que acostumbre a sus hijas a ordenar sus juguetes y a dormir su siesta.

Amy se siente perseguida por el Psicólogo y siente que él cree que ella es la culpable de toda la situación, pero éste la tranquiliza diciéndole que no hay culpables sino responsables, y finalmente los dos hacen las paces.

Una vez resuelto el vínculo con el profesional, Amy se dispone a colaborar; y a la semana siguiente se pueden comprobar en el hogar grandes cambios.

Las cosas fueron más fáciles de lo que ambos pensaban. Las niñas aceptaron irse a dormir a sus camas si Amy o Ricky se quedaban un rato con ellas, pero casi no fue necesario porque se durmieron de inmediato.

La familia se reúne para comer, las niñas ordenan sus juguetes, salen a jugar en compañía de su madre y el perro fue mudado al lugar que le corresponde: afuera en el patio.

Amy y Ricky son ahora padres responsables que asumen su rol con verdadero entusiasmo, y ahora, que todo ha pasado, les parece que fue fácil.
Los niños pequeños son como arcilla fresca, se moldean con facilidad, sólo necesitan amor, atención y paciencia, y que alguien ponga las reglas.

Ver también: Malos alumnos Niños indomables

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