2009/03/12

El Miedo al Público




El miedo a enfrentarse a un público numeroso, ya sea para realizar una presentación, o bien, para llevar a cabo una disertación, o para estar al frente de una cátedra numerosa de alumnos, o para actuar formando parte de un elenco teatral, se puede controlar con técnicas que resultan muy útiles.

Hay que tener en cuenta que cualquier clase de intervención personal que exija expresar alguna idea a un grupo, tiene un mejor resultado si se llega a establecer una eficaz comunicación con ellos.

Por esta razón los profesionales de distintas carreras, que se desempeñan en grandes empresas están interesados en dominar el arte de la oratoria.

El éxito de las presentaciones frente al público, dependen del orador, del tema y del público. Si el orador es entusiasta y el tema interesa al público se logra el propósito de la comunicación.

El conocimiento profundo del orador sobre un tema es condición necesaria pero no suficiente. Los argumentos que esgrima para solventar sus afirmaciones deben ser coherentes y responder a las leyes de la lógica pero si el disertante no le pone emoción a su discurso, fracasará rotundamente.

Del mismo modo tampoco alcanza con la emoción si el fundamento no es razonable y el tema sólo se basa en datos poco creíbles.

El lenguaje corporal es lo que más conmueve al público pero también contribuyen a una buena recepción la claridad de la expresión, una voz audible, un vocabulario que no abuse de términos profesionales específicos, de manera de poder entablar una relación fluida con el público sin intimidarlo o confundirlo.

El miedo escénico es el miedo al ridículo. Los profesionales o personajes que deben enfrentarlo temen quedarse sin letra u olvidarse de datos importantes que debe brindar en su disertación, de cometer errores, de encontrarse con personas saboteadoras u hostiles y de fracasar en su intento de captar el interés.

Pero lo que más ayuda a los oradores en última instancia es la práctica, porque es la experiencia frecuente frente al público lo que permite el verdadero dominio de este arte.

El miedo a exponerse y ser juzgado se relaciona con las expectativas del público en la eventualidad de que lo que reciba no sea lo que esperaba.

Este miedo perturba tanto la mente como las sensaciones del disertador y no le permite percibir la respuesta del público; como por ejemplo, si están atentos o dispersos, si hablan entre ellos, si se levantan y se van, etc.; porque es muy importante estar muy relajados, para poder interpretar las señales cuando se corta la comunicación.

Existen distintos ejercicios que utilizan los expertos en el arte de la oratoria, como los juegos, la improvisación y los ejercicios de relajación, que en su conjunto tratan de fomentar el autocontrol, la seguridad y la confianza.

Además de capacitar al personal en el arte de la oratoria, las empresas pueden llegar a aumentar sus clientes y el volumen de sus ventas, a manejar mejor los conflictos y a incrementar sus ingresos.

Por esta razón muchas compañías importantes y también las pequeñas, incluyen cada vez más este tipo de capacitación en sus empresas.

Lo más moderno en presentación de productos es centrarse en los temas que le interesan al público y no tanto en extenderse en datos que resultan tediosos y complejos. Esta posibilidad permite a los oradores un mejor manejo de la información y del tiempo y les brinda mayor seguridad para hacer su trabajo.

Hoy en día los medios audiovisuales están reemplazando el contacto personal con el público, pero aunque este avance tecnológico haya disminuido, cuando se realizan presentaciones personales en vivo, tienen una mayor aceptación y resultan más valiosas.













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