Decálogo para Padres




Ser padre es un oficio complejo de tiempo completo que exige saber desenvolverse con los hijos lo mejor posible para que crezcan sanos y felices, sin disponer de un libro de instrucciones.

Sin embargo, hay algunas pautas que pueden ayudar en este difícil arte de educar a la descendencia, para que en el futuro sean personas felices que puedan ayudar a mejorar el mundo y dejarlo mejor que como lo encontraron.

Honestidad: Padres honestos hacen que sus hijos sean también honestos, porque los hijos adoptan las conductas de sus padres y no lo que les dicen que deben hacer.

Seguridad: Los hijos necesitan un padre y una madre que los protejan, los guíen, los cuiden, los alimenten adecuadamente, los provean de educación y de un hogar donde vivir que no necesita ser lujoso sino cómodo para que la familia tenga una vida normal y digna.

Comunicación: Padres e hijos deben mantener una comunicación fluida y tener confianza entre si para poder contestar todos sus cuestionamientos y hablar de todos los temas, sin gritar ni discutir, aceptando que tanto los padres como los hijos pueden pensar diferente e igualmente amarse.

Afecto: los padres deben demostrar el afecto a sus hijos y no darlo por sentado, como si ellos estuvieran ya seguros. Los niños siempre dudan del amor de sus padres e interpretan sus enojos como falta de afecto. Si se demuestra amor a los hijos ellos aprenderán a demostrárselo a las personas que amen y también a sus propios hijos.

Sinceridad: Las mentiras tienen patas cortas y confunden a los niños que no pueden incorporar valores según la conveniencia, que hoy rigen y mañana dejan de tener vigencia. La confusión de valores contribuye a la formación de personalidades débiles con estructuras frágiles que se desmoronan al primer cimbronazo.

Coherencia: Es importante que los padres no se contradigan entre si delante del niño. Cuando uno de los progenitores le hace una observación a un hijo y el otro no está de acuerdo, nunca debe desautorizarlo delante de él, sino que debe esperar el momento adecuado cuando ambos estén solos, para darle a conocer al otro su punto de vista.

Tranquilidad: En el hogar, el ambiente debe ser distendido y calmo, libre de violencia verbal o física, siendo saludable el buen trato mutuo y el respeto por el otro, aún en los momentos de crisis, cuando se hayan trasgredido las reglas y sea necesario aplicar sanciones.

Firmeza: Los padres firmes evitan que los hijos trasgredan las reglas en el hogar y sepan quienes son los que mandan. De esa manera es como aprenden a cumplir las leyes de la sociedad cuando crezcan. La firmeza brinda marcos de referencia claros que se pueden incorporar y respetar.

Fortaleza: Padres fuertes que no se derrumban frente a las dificultades y pueden empezar de nuevo después de los fracasos, les enseñan a sus hijos la misma actitud, a no creer en el éxito ni en el fracaso y sólo tener confianza en si mismo.

Buen Humor: Todas las experiencias tienen su lado bueno, aún las más terribles. Un niño tiene que saber que pueden ocurrir cosas que no nos gustan pero que no tienen por qué destruirnos, sino que tenemos que aprender de ellas para evitar que vuelvan a ocurrir o para enfrentarlas y aceptarlas con dignidad, como parte de la vida.

Lo mejor, es vivir a los hijos con naturalidad, enseñándoles con el ejemplo a ser buenas personas, a no dañar al prójimo, a ser sensibles y ayudar a los necesitados en lo que puedan, a tener paciencia y a ser tolerante con los que no han tenido la oportunidad de haber sido amados, cuidados y educados.