Publicado por Malena el miércoles, 6 de abril de 2011

Cómo dejo a mi pareja si no me hace feliz




La crónica diaria nos permite conocer cuáles son las motivaciones más comunes para llegar a cometer un asesinato.

Contrariamente a lo que se puede suponer, cuando ocurre un hecho de sangre, el principal sospechoso es un familiar cercano y no un desconocido; porque quienes más queremos, aquellos que alguna vez hemos amado y que han sido lo más importante en nuestras vidas, por alguna razón pueden llegar en determinadas circunstancias a tener motivos para matarnos.

La vida es larga y los sentimientos pueden cambiar, porque todo cambia, sin embargo, hay personas que pretenden que continúen siendo iguales, quieren seguir siendo jóvenes, sentir lo mismo que sentían en la adolescencia, seguir viviendo las mismas experiencias aferrados a todo aquello que no están dispuestos a renunciar de su pasado.

Es así como las relaciones se deterioran, porque ya no sienten lo mismo y creen falsamente que tal vez siendo libres, pueden conocer a alguien diferente a quien podrán amar el resto de sus vidas y que los hará felices para siempre.

Las relaciones humanas son muy complejas y difícilmente cuando uno de los integrantes de una pareja desea ponerle fin, esa decisión sea compartida y se pueda arribar a un arreglo de mutuo acuerdo; porque lo que sucede en general es que el rompimiento de una pareja suele ser cruento, difícil y doloroso tanto para ambos como para los que los rodean.

¿Cómo se hace para tomar la iniciativa y decirle al otro que ya no sienten lo mismo, que no quieren seguir con la relación, que desean ser libres para poder intentar una nueva vida.

Parece fácil pero no lo es, porque decirle a alguien que los quiere que esa relación ha llegado a su fin y que no se puede volver atrás porque la situación se ha vuelto insostenible, puede ser devastador.

Pocos tienen el coraje de abordar al otro y decirle con franqueza cómo se sienten. La mayoría se va alejando de a poco, se vuelve indiferente, malhumorado, taciturno; llega cada día más tarde y se va más temprano, casi nunca come en casa y no tiene interés en compartir ninguna salida.

La vida de esta forma se hace cuesta arriba y cada día pesa más que el anterior, las horas se dilatan, los ojos se secan de tantas lágrimas y los ahogan las palabras no dichas.

Sin embargo, muchos prefieren esa muerte en vida que enfrentar lo inevitable, porque perder a alguien que aún quieren, a pesar de lo amarga que le hacen la vida, creen no poder soportarlo.

La mayoría se conforme con las migajas de un amor que seguramente el otro u otra comparte con un intruso que no tiene rostro pero si el poder de quitarle lo que más quiere.

Los que se aferran al dolor y no aceptan la realidad e intentan luchar para retener un amor que ha muerto, pueden estar dispuestos a todo, hasta de matar si es necesario, porque de ese modo, quien no puede ser suyo, tampoco podrá ser de nadie.

Terminar una relación sin recrear una tragedia griega y sin transformar el antiguo amor en odio requiere poder salir de uno mismo y pensar en el otro, en ese ser que han querido alguna vez para poder sentir compasión por esa persona, sin aferrarse a la ilusión de imaginar que podrán empezar de nuevo creyendo que podrán construir sobre el dolor de los demás y que todo será diferente.

Cuando todo parece insostenible, lo mejor es hablar, no buscar afuera el consuelo. Decir al otro cómo se sienten con sinceridad, sin especular para obtener beneficios, sino para tratar de encontrar una salida digna que no implique sufrimientos innecesarios, porque cuando hay buena voluntad las reacciones de los ofendidos es muy diferente.

Para terminar una relación se necesita tiempo y esfuerzo, porque lo más importante es causar el menor daño posible a los damnificados, ya que es imposible desvincularse de un día para otro y hacer borrón y cuenta nueva sin consideración alguna.

No se puede ser feliz cuando uno ha dejado atrás resentimientos, porque la venganza puede ser terrible y no se deja esperar. La persona más tranquila y mansa puede convertirse en una fiera salvaje cuando se siente desplazada y herida en su amor propio.

Una pareja tiene que hablar en terreno neutral, no en la casa que es de los dos, decir cada uno lo suyo,  la verdad sin ocultar nada y teniendo la conciencia tranquila de no haber traicionado al otro con otra relación, dando la ruptura por hecha.

La sinceridad, la bondad y la intención de no herir los sentimientos de quienes alguna vez han amado, y la intención de hacerse cargo de la responsabilidades que le competen y de afrontar las obligaciones que se asumieron, harán más leve el costo de la decisión y será la mejor forma de llevar a cabo una ruptura que si realmente es necesaria, será para bien de los dos y de quienes los rodean.




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