2011/09/09

El Nirvana



Cuando el meditador llega a un estado de certidumbre de que en su mente no existe nada perdurable, ni siquiera él mismo, y ve su vida pasada y futura como un proceso de causa y efecto; descubre que la mente en él es el testigo y los objetos van y vienen superando los límites de su conocimiento.
Se da cuenta así, que todo es un fluir continuo que se renueva a cada instante en forma interminable.

En ese momento el meditador comprende profundamente la verdad de la impermanencia, una experiencia de vacío de Ser y de Ego y de cambio perpetuo que produce en él un estado de desapego de la realidad que ahora ve como una fuente de sufrimiento.

Deja así de reflexionar y después que ha comprendido comienza a ver con más claridad; y con esta percepción clara puede experimentar lo siguiente:

- visión de una luz o forma luminosa
- sentimiento de arrebato
- calma absoluta del cuerpo y de la mente
- devoción hacia su maestro de fe, gozo y deseo de aconsejar la meditación a todos.
- vigor en la meditación
- felicidad sublime indescriptible
- percepción instantánea, aguda y lúcida
- elevada atención
- ecuanimidad hacia todo lo que se presenta
- apego a las luces brillantes y a la contemplación.

Estos diez signos llenan de euforia al meditador porque cree que ha alcanzado la iluminación.

Sin embargo, se da cuenta que son apenas hitos en el camino y no el destino final.

Este pseudo nirvana se va extinguiendo poco a poco a medida que la percepción se aclara, hasta que se hace impecable.

Se puede vivenciar que la realidad se disuelve en forma constante y esa experiencia es aterradora e insatisfactoria. En el devenir no hay esperanza donde aferrarse y el alivio sólo es posible dejando de pensar.

Es entonces cuando la contemplación se hace automática, sin ningún esfuerzo y todos los sentimientos de dolor e infelicidad terminan, la mente abandona el terror y el deleite y aparece una claridad mental sublime.

Surge así una conciencia que no se aplica a ningún fenómeno y toda percepción se interrumpe completamente.

Esta penetración en el nirvana por primera vez, no dura ni siquiera un segundo porque termina cuando el meditador reflexiona sobre la experiencia, porque el nirvana es una realidad supra mundana que no se puede describir y no es un fenómeno ni una vivencia sino que es un estado incondicionado.

La realización del nirvana altera en forma permanente aspectos de la conciencia del meditador, que nunca volverán a aparecer.

El nirvana destruye el odio, la codicia, el delirio, o sea los aspectos que contaminan los estados mentales.

El resultado es una pureza moral que no exige ningún esfuerzo, porque la pureza ahora para el meditador despierto es el único comportamiento posible, porque para que esta pureza pueda surgir, el Ego tiene que morir.

Cuando la percepción del que despierta se inunda con su visión interior se convierte en un santo, un ser digno de veneración.

Libre de su identidad anterior, también está libre de sufrimiento y de los hábitos condicionados del pasado. Pueden emerger en él así, la bondad, el gozo altruista y la compasión.

El despierto puede ver como es realmente una cosa y también cómo es su apariencia en todo momento.

Fuente: “Más allá del Ego”, Abraham Maslow; “Evolución y estado de los estudios sobre la meditación”, Roger N. Walsh.

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