2012/07/16

El Miedo Social


No son los demás los que nos marginan, somos nosotros mismos los que no nos aceptamos y los que no nos queremos, porque los otros son el espejo de nosotros mismos.

Las grandes ciudades crean altas expectativas en sus habitantes.  Los mensajes subliminales de la publicidad forman tendencias, dictan normas, orientan la opinión y difunden valores, obligando principalmente a los jóvenes a seguir sus mandatos sin ningún juicio crítico.

Es imposible para la mayoría mantenerse a la vanguardia en cuanto a la moda, los usos y las costumbres, porque exige un poder adquisitivo superior a lo que puede ganar gran parte de las familias, además del estrés que produce vivir pendiente de los cambios caprichosos de los modelos sociales.

Los jóvenes desean ser aceptados y creen que seguir los mandatos que exigen los grupos para pertenecer es la forma de sentirse seguro y querido.

Sin embargo, aunque puede ser una ventaja estar a la moda para ciertos grupos, la aceptación genuina pasa por otras cuestiones más difíciles de lograr como por ejemplo, la autoestima, la seguridad y la confianza en sí mismo.

La autoestima implica ser fiel a uno mismo, aceptarse,  conocer cuáles son los propios valores, estar dispuestos a respetarlos y a incorporarlos a la identidad para siempre.  Esa es la verdadera base de la autoestima, no dejarse influir por los demás, tener una actitud autocrítica, siendo sinceros con uno mismo y con los demás.

Una persona que no tiene convicciones firmes, que no se compromete con una forma de pensar, tiene miedo de tomar decisiones y actúa en forma errática, poco asertiva e infantil, por más bien vestido que esté y se esfuerce en estar de onda, fracasará en el intento de ser considerado y aceptado en un grupo.

Los fracasos para insertarse en los grupos producen miedo social, sentir que no se puede estar a la altura de los demás, no atreverse a ser quien uno es,  ser capaz de tolerar la frustración y resistir la crítica y de reírse de uno mismo.

El que no puede aceptar una crítica no acepta que puede cometer errores, porque cree que tiene que ser perfecto y equivocarse lo convierte en alguien vulnerable.

Cuanto más nos parecemos a los demás, menos somos nosotros mismos y menos nos agrada lo que somos y menos sabor tiene la vida.

La mayoría vive obsesionada por su peso, su aspecto personal, sus arrugas, pero no tiene en cuenta otros valores positivos aún más necesarios para el bienestar personal como quererse, tener autoconfianza, sentirse seguros y perdonarse.

¿Por qué le damos más valor a lo externo que a lo interno?¿Por qué nos dejamos presionar por las pautas sociales y el qué dirán?

Es difícil atreverse a ser realmente objetivo y ver la realidad tal cual es sin dejarse llevar por mandatos que ni siquiera podemos darnos cuenta que son de afuera, porque los hemos incorporado tanto que los hemos hecho nuestros.

Más allá de todo lo que hemos aprendido, todos tenemos la capacidad de poder reflexionar qué es lo auténtico de nosotros mismos, lo más genuino, lo que nos permitirá superar nuestras propias limitaciones y encontrar nuestro verdadero sentido de la vida.

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