2012/08/02

No salimos con grasas



Antes de sumarse a la oleada de críticas que provocó la declaración de los hermanos Caniggia aparecida en los kioscos, en la portada de una revista de chimentos, mejor será dirigirse al diccionario de lunfardo y giros argentinos y enterarse qué significa ser un grasa.

Entre otras cosas, grasa quiere decir mersa, persona ordinaria, rústica o vulgar.  También se puede referir a un mecánico de autos que está siempre todo engrasado.

Para quienes como los Caniggia, nacieron en el extranjero en cuna de oro y que aparentan tener dificultades para expresarse en castellano pero como todo niño bien que se precie,  hablar con mayor fluidez  inglés o italiano;  quién sabe qué es lo que quisieron decir con la palabra grasa en forma despectiva como para no querer salir con ellos.

Creo que se referían a alguien no precisamente pobre, sino a quien no tiene modales, que es maleducado e iletrado, que no sabe hablar con corrección, ni tampoco callar a tiempo, que come con las manos y mastica con la boca abierta o que es desaliñado y sucio.

En estos casos tampoco yo quiero salir con ellos.

Cuando en la televisión aparece alguien que viene del exterior y que se atreve a ser desfachatado y decir lo que piensa sin ninguna inhibición, lejos de provocar vergüenza ajena o indiferencia adquiere inmediata notoriedad y se convierte de la noche a la mañana en una estrella que opaca a todos los actores satélites que están en  televisión que siempre están haciendo y diciendo las mismas cosas.

Cualquier cosa nueva atrae, sólo porque es diferente y porque es alguien que se atreve a desafiar al zar Tinelli, dueño absoluto del rating.

Tengo que confesar que el día que Tinelli se salió del libreto e hizo la carrera de hombres con taco alto, inspirado en la idea de la melliza Caniglia, yo, que estaba haciendo zapping, me quedé en ese canal porque me llamó la atención ese inusual  programa improvisado, en una televisión donde todo lo que va a ocurrir es archisabido y donde la creatividad está siempre ausente.

Charlotte Caniggia demostró no ser ninguna tonta sino alguien que ha mamado de su madre todo lo que hay que hacer para estar en el candelero y codearse con las figuras relevantes, para llegar a acceder a todo lo que  le interesa.

Presumo que en esa hermosa cabecita rubia teñida, tiene algo más que tintura,  porque parece saber bien lo que quiere y lo que no quiere, cosa que la mayoría ignora completamente.

Despleguemos un manto de piedad sobre todos aquellos que se están esforzando para labrarse un futuro y veamos qué es lo que saben hacer antes de criticarlos por adelantado.

Los que dicen lo que piensan sin tapujos movilizan nuestras ansiedades, porque están reflejando nuestra propia sombra que no queremos ver y que ocultamos.

A todos nos gusta Disneylandia y no las villas miserias; y si no, que levante la mano el que prefiera pasar las vacaciones al lado de una canilla en Villa Lugano en lugar de las playas de Montecarlo.

Estos chicos están acostumbrados a los lujos y ante la amenaza de una época de vacas flacas,  tienen que intentar algo para generar recursos utilizando sus eventuales talentos, bajo la siempre atenta dirección de la madre que es la que planifica, organiza, lleva a cabo las negociaciones, la que controla la bolsa de valores familiar y ahora, las  potenciales ganancias de sus hijos.

Dejemos que hagan lo que saben y después pueden seguir en ese canal o pasar a otro sólo con un click del control remoto.















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