Por qué los países fracasan




No creo que el fracaso de un país se deba solamente a la mediocridad de la mayoría, como afirma Antonio Fraguas de Pablos (Forges) en uno de sus artículos, porque en todos los países del mundo, inclusive en los más desarrollados y ricos, la mayoría es mediocre.

La mediocridad no tiene nacionalidad porque no es una característica propia de un solo país, es un fenómeno planetario, pensar lo contrario es ser racista y creer que hay razas superiores y otras inferiores.

El mediocre es aquel que hace lo más fácil, o sea no hace más de lo que se le exige al promedio, el que trata de parecerse a los otros para no hacer ningún esfuerzo, el que se identifica con los ídolos, siguiendo su modelo, el que se ríe de los auténticos, de los que parecen ingenuos, de los gordos, de los diferentes, de los sensibles, de los aplicados en el estudio y en el trabajo, y hasta de los que separan la basura porque se preocupan por el ambiente. 

Es el que se cree listo a pesar de sus fracasos y el que no tiene idea de dónde está parado pero que se cree con derecho a opinar de todo en cualquier lado.

A un mediocre le preocupa más con quién se acuesta la gente que su curriculum, es el que juzga sin fundamento y el que cree todo lo que dicen los diarios, los noticieros y la radio, únicos medios de información que utiliza para creerse culto.

El mediocre es el que nunca olvida las afrentas y que cuando asume el poder las convierte en días feriados;  porque paralizado por el resentimiento no puede perdonar los errores, creyéndose perfecto.

Sin embargo, algunos países han crecido mucho y siguen creciendo a pesar de contar con un gran número de habitantes ignorantes que sólo piensan en su físico y en la plata que tienen en el banco.

Más que la mediocridad de la gente que es algo inevitable porque ninguno está conforme consigo mismo, creo que el fracaso de los pueblos se debe a una de las causas de la mediocridad,  que es la falta de conciencia.

Las personas no tienen idea de la enorme importancia de haber nacido y de ser único y distinto, al contrario, esa diferencia los inquieta porque las llena de responsabilidad y de compromiso, que es lo que las obliga a ser diferentes, creativas y a inventar cosas nuevas.

Por otro lado todos los gobiernos pretenden perpetuarse en el poder o por lo menos gobernar dos veces seguidas; pero para poder hacerlo necesitan gente que los apoye dispuesta a hacer lo que le manden sin chistar con tal de recibir algo a cambio.

El péndulo de los opuestos en el poder sería saludable si la oposición de turno no se ocupara sistemáticamente a desprestigiar al gobierno elegido,   tratando de que fracase todo su mandato; porque cuando los gobiernos fracasan se benefician los políticos que se quedaron con las ganas de llegar al poder la última elección pero pierde el pueblo la posibilidad de avanzar aunque sea un poco.

Para colmo de males, cuando asume la oposición, lo primero que hace es deshacer todo lo hecho por el gobierno anterior, incluso lo bueno, no sea cosa que algunos por sus obras lo recuerden.

Esto pasa en todo el mundo, más o menos, porque la política es sucia en todos lados y los políticos no pueden darse el lujo de ignorar los recursos para mantener el poder,  que tienen a mano.

Creo que un país comienza a crecer cuando la política se independiza totalmente de la economía y los cambios de gobierno ya no la entorpecen.

Sin embargo, esta premisa básica nadie la entiende y lo primero que hace un gobierno cuando asume el poder es cambiar las reglas de juego.

Pero el dinero no tiene patria y es como el agua, fluye hacia donde hay más agua y no donde pretenden dirigirlo los gobiernos de turno.  

El dinero no es lo más importante para una persona que tiene lo necesario,  pero sí para el que tiene que vivir privado de todo.

El problema se habrá solucionado cuando los gobiernos no se lo pasen todo el tiempo haciendo proselitismo para que lo sigan votando y aprovechen su mandato para hacer algo.

Tienen que convencerse que no son reyes ni reinas, que son simples administradores que no necesitan que los adoren sino que los respeten quienes en el momento de emitir su voto, le adjudicaron capacidad para hacer ese trabajo.