La Soberbia



La soberbia, desde la perspectiva cristiana, es uno de los siete pecados capitales, que se oponen a sus correspondientes virtudes y de los cuales derivan todos los demás.

Los siete pecados capitales que han trascendido desde la Edad Media son:

La lujuria: el deseo sexual sin control.

La Gula: la glotonería insaciable.

La Avaricia, o Codicia: el deseo incontrolable de riquezas y bienes materiales.

La Pereza: el disgusto por el cumplimiento de los deberes y obligaciones, tanto espirituales como personales y sociales; y la falta de presencia de ánimo para enfrentar los obstáculos.

La Envidia: el deseo de tener lo que tienen otros y de ser como los demás; y sentirse bien con el mal ajeno.

La Ira: el impulso descontrolado de actuar con violencia, ya sea por venganza, rencor, orgullo o resentimiento.

La Soberbia: el más grave de los pecados capitales, porque es el que cometió Lucifer que fue desear ser como Dios. Es el orgullo excesivo y la falsa percepción de sí mismo, que hace que una persona se considere superior a los demás, sin ningún fundamento válido que sustente tal apreciación. Difiere del orgullo en que la soberbia se basa en la vanidad, el deseo de ser admirado y de destacarse sin las necesarias virtudes y solamente para satisfacer al ego.

En cambio, el orgullo es la valoración adecuada en función al propio comportamiento y a las propias virtudes morales; y a vivir conforme a esos valores.

El soberbio cree saberlo todo y tiende a subestimar lo que dicen o piensan los demás. Se sobrevalora sin razón y se comporta con altivez y arrogancia situándose en una posición por encima de los demás.

Algunos de los símbolos que caracterizan a la soberbia son, por ejemplo: el espejo, el león o el pavo real.

El espejo representa la actitud de verse sólo a sí mismo y de satisfacer solamente las propias necesidades, sin contemplar las de los demás.

El león, porque es el rey de la selva a quien todos respetan y temen y el pavo real, que se complace en mostrar sus atributos físicos, sin dejar de ser por ellos un pavo.

El soberbio es rebelde y autoritario, porque no acepta las reglas impuestas por otros y porque pretende hacer siempre su voluntad.

Es incapaz de aceptar sus errores porque se cree perfecto y aunque envidia a los que pueden hacerle sombra, jamás les reconoce sus méritos y se complace en criticarlos.

El soberbio se caracteriza por ser malhumorado, iracundo y obstinado y por creer que siempre tiene la razón; pero por lo general fracasa en sus relaciones y termina quedándose solo.

El soberbio esconde un conflicto inconsciente, que es su complejo de inferioridad que trata de superar, poniéndose a prueba y mostrándole a los demás que es superior.

Malena

Fuente: Enciclopedia Salvat; Catecismo de la Iglesia Católica.