El odio entre hermanos



La relación entre hermanos ha inspirado a muchos escritores y ha sido tema de muchas películas y series de televisión; porque es común que los hermanos se peleen, que exista envidia o celos entre ellos y que lleguen a odiarse tanto siendo adultos, que cada uno decida tomar un rumbo diferente y elijan no verse nunca más.

Son frecuentes los programas de televisión con amplia aceptación, que especulan con este tema, logrando reunir a hermanos después de haber estado separados más de treinta años.

El rencuentro puede llegar a ser tan conmovedor que resulta difícil creer que ninguno de los dos, no haya sido nunca capaz de encontrarse, si es que sinceramente albergaban ese sentimientos. Es que, como en toda relación humana, siempre el orgullo suele ser más poderoso que el deseo de volver a verse.






En el reino animal, algunas aves se preocupan en cuidar a sus crías de los depredadores, pero en el mismo nido puede encontrar la muerte una de ellas picoteada salvajemente por alguno de sus hermanos.

Los animales defienden su alimento, y cuando hay muchas crías, siempre se queda alguno sin comer, no es raro que se maten entre ellos para asegurarse la supervivencia.

En los humanos, la causa primera de disputas y resentimientos entre hermanos adultos, son las herencias o el interés en beneficiarse con los recursos de los padres cuando éstos están todavía vivos.

Todos los padres y madres aman a todos sus hijos por igual pero en el trato cotidiano no pueden evitar hacer diferencias, simplemente porque han nacido en distintas etapas de sus vidas y los han vivido en forma diferente; y porque cada hijo es único y distinto y pueden congeniar más con uno que con otro por cuestiones de carácter.

Freud explica la relación entre padres e hijos con el concepto de "complejo de Edipo" y lo describe como el conjunto de deseos amorosos hacia el progenitor de distinto sexo y de deseos hostiles hacia el del mismo sexo; sintiendo sus padres la misma atracción y y el mismo rechazo.

A los padres les resulta difícil, por no decir imposible, disimular sus preferencias, teniendo en cuenta que en función a esta teoría ya existe una tendencia natural hacia los hijos de distinto sexo y teniendo en cuenta que el trato es cotidiano y que existen infinidad de oportunidades para expresar esta distinción.

Los padres no necesitan ser demasiado expresivos para que sus hijos se den cuenta de las diferencias que hacen entre ellos, porque con apenas pequeños gestos o tonos de voz pueden percibir que el trato no es el mismo.






Los hijos más sensibles son los que pueden quedar fijados al trauma de no ser los preferidos, ya que por lo general son los más susceptibles, dependientes y más difíciles de tratar, favoreciendo esta actitud cierto rechazo.

En cambio, los que no tienen problemas de adaptación y naturalmente son más independientes y se muestran más seguros, son los hijos que pueden relacionarse mejor y por esta razón pueden recibir un mejor trato.

Con el tiempo el resentimiento entre hermanos se puede profundizar y cualquier roce o situación eventual conflictiva puede alejarlos para siempre.

Por lo general, los que suelen sufrir más las diferencias son los hermanos del medio, que tienen una posición familiar neutra y les cuesta destacarse por no ser ni el más grande ni el más chico.

Además del interés por el dinero, también existe la disputa inconsciente por el amor de los padres, lo que convierte a los hermanos en rivales.

Esa rivalidad puede permanecer siempre y florecer en cada situación que ponga en duda el afecto.

Malena Lede (Psicóloga)

Fuente: "Diccionario de Psicoanálisis", de Laplanche y Pontalis, "Complejo de Edipo"