2013/07/26

Por qué dura el amor


En su libro "Por qué dura el amor", su autora, Raquel San Martín, trata de indagar a través de algunos testimonios cómo algunas parejas tienen la inteligencia emocional necesaria para superar cualquier prueba a través de los años.

En esta época, tener una pareja duradera parece ser tarea de titanes, tal vez porque el deseo de independencia y de realización personal parecen obstaculizar toda promesa de amor eterno o porque mantener el amor mucho tiempo exige tener ciertas virtudes poco comunes, o porque hay que tener suerte. Quizás los únicos que pueda esclarecer esta incógnita sean precisamente los que lo han logrado.

Antiguamente, cuando los roles de una pareja estaban bien definidos, más de una mujer tuvo que conformarse con ver pasar la vida a su lado mientras se ocupaban de la casa y de los hijos. Pero ahora las cosas cambiaron y ya no existen mujeres dispuestas a ignorar su potencial, que elijan someterse a la voluntad de su marido con la única aspiración de ser su sombra o la inspiradora de sus obras.

El casamiento dejó de ser el objetivo principal para una mujer y también el final de las películas, porque representa un desafío más difícil que el más descabellado de los emprendimientos.

Raquel San Martín escribió el libro “Por qué dura el amor” tratando de trasmitirnos a través de sus páginas, que aunque el matrimonio a largo plazo nunca está exento de problemas, la mayoría se sorprende, admira y hasta envidia a quienes lo logran.

La intención de que dos personas diferentes, con aspiraciones distintas, provenientes de contextos y familias dispares, puedan convivir armoniosamente a lo largo de sus vidas, tolerando sus mutuos cambios, siendo fieles, aceptando los vaivenes de la convivencia cotidiana, compartiendo el dinero y sumado a todo ello concebir hijos y criarlos, resulta ser mucho más que ambiciosa, más bien parece una utopía.

Sin embargo, todavía hay muchos que lo logran y que siguen marchando confiados hacia el altar apostando al amor eterno.

En estos tiempos, para la juventud es inconcebible un casamiento por conveniencia porque el amor es la condición que está en primer lugar para formar pareja, pero no siempre fue así. A lo largo de la historia del hombre, durante muchos milenios, los casamientos significaban la posibilidad del intercambio de bienes entre comunidades o tribus distintas. El amor de pareja era en lo último que se pensaba si es que alguien se atrevía a darle algún crédito, o mejor dicho era un concepto que no estaba incluido en la trama de la existencia.

La sociedad sin embargo ha llenado ese hueco con producción literaria, con la pintura, con canciones, con cuentos de hadas; y todo eso ha dado como resultado un concepto ideal del amor que ha quedado grabado en el inconsciente colectivo. Por lo tanto, el amor ideal tiene que ser perfecto, sin cambios, imperturbable y apasionado, expresado frecuentemente a través de relaciones sexuales plenamente satisfactorias para ambas partes y además exclusivo.

Por otro lado, la realidad golpea con crudeza al mostrar hogares deshechos, infidelidades por doquier, violencia y experiencias devastadoras de vínculos enfermos que fortalecen la idea de que ese amor no existe y que si llegara a existir, no duraría.

Los escépticos explican la existencia de parejas duraderas por muchas razones de orden práctico pero no por causas sinceras; y se atribuye al exceso de individualismo, al egoísmo, a la falta de compromiso, la dificultad para que las uniones soporten el paso del tiempo. Sin embargo, en Argentina, los casamientos formales superan cuatro veces a los divorcios.

Hoy en día, buscar pareja se ha convertido en algo complicado a pesar de ser las personas más libres que nunca para elegir unirse a quien quieran; porque las exigencias han aumentado y lo que se espera de una pareja parece ser demasiado.

El hecho de haberle incorporado al matrimonio el valor agregado del amor idealizado parece no armonizar con las responsabilidades que representan tener un hogar, una familia, criar a los hijos, superar las vicisitudes y vaivenes de la vida en común, aceptar los inevitables defectos mutuos y enfrentar los fantasmas de la rutina y del aburrimiento.

No obstante este panorama desolador lleno de contradicciones, la permanencia a través del tiempo de las parejas que parecen haber logrado trascender estas fuerzas antagónicas, llena de interrogantes y de envidia a los escépticos.

La autora de este libro cuenta testimonios de parejas que han logrado mantenerse juntos mucho tiempo, que superaron la rutina y el aburrimiento, que triunfaron sobre los avatares cotidianos, y que aceptaron una vida apacible y tranquila sin necesidad de continuas aventuras y diversiones, realidad que desconcierta a los inestables.

Cómo hacen estas parejas para mantenerse unidas tanto tiempo, es un enigma, un verdadero misterio porque cada pareja es única. Tal vez se trate de un factor genético, o de una casualidad, o que hayan seguido con exactitud reglas de convivencia, como mantener un diálogo fluido, tener sexo tántrico, paciencia infinita, tolerancia inagotable y confianza inquebrantable.

La duda es lo único que les queda a los escépticos, una duda que solamente disiparán cuando acepten el desafío y tengan el valor de experimentar el matrimonio, ellos mismos.

Malena

Fuente: “Por qué dura el amor”; Raquel San Martín.

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