2013/12/29

Cuento de Navidad


Había sido una familia feliz como todas, con sus altibajos, sus alegrías y sus penas, sus discusiones y sus diferencias. Habían vivido buenos momentos y también infortunios, pero entre todos habían podido salir adelante

Los años fueron cambiando esa realidad, los chicos se hicieron grandes, cada uno eligió su camino y era imposible reunirlos a todos para Navidad.

Cuatro hijos varones y todos viviendo en lugares distantes con sus familias; y ninguno se atrevía a contrariar a sus esposas que preferían pasar las fiestas de fin de año con sus propias familias. Y además, trasladarse a la capital con los chicos, para ellos, no era fácil, cuando el calor aprieta y el ajetreo de la ciudad se multiplica, las calles se vuelven intransitables y el incesante ir y venir de la gente puede marear a quienes están acostumbrados a la calma de las ciudades del interior.

Tampoco a los padres les resultaba grato viajar para las fiestas al interior, cuando todos quieren hacer lo mismo y es difícil conseguir pasajes. Sin embargo, ese año decidieron aceptar la invitación del hijo mayor, que quiso reunir a toda la familia en su casa.

Consiguieron pasajes en avión para el 24, a las primeras horas de la tarde, pero como el viaje era de pocas horas tenían tiempo suficiente para llegar cómodamente a tiempo para Noche Buena.

Estaban contentos de haber tomado esa decisión y de poder estar, después de mucho tiempo, con toda la familia reunida.

Pero ese día amaneció nublado y densos nubarrones amenazaban con una fuerte tormenta. El pronóstico meteorológico había transmitido un alerta sobre la posibilidad de fuertes tormentas y abundantes precipitaciones, sin embargo aún no había caído una sola gota de agua y por momentos las nubes parecían dispersarse.

El calor era agobiante, no veían la hora de abordar el avión y poder disfrutar del aire acondicionado y de una buena bebida fresca.

Despegaron con toda normalidad, a tiempo, a pesar de que el alerta meteorológico continuaba vigente y ya se había levantado un fuerte viento

El avión eludió las nubes circulando alrededor de la tormenta y luego de una hora de navegación el capitán recibió la orden de aterrizar en el aeropuerto alternativo a mitad de camino, debido a las malas condiciones meteorológicas que se estaban agravando en la zona del destino del vuelo, de modo que el avión bajó sin problemas en el aeropuerto asignado, según las indicaciones recibidas.

Los pasajeros abandonaron el avión y fueron llevados a un hotel cercano para esperar con mayor comodidad el momento propicio para volver a abordar el avión.

Era un pequeño hotel próximo al aeropuerto, que tenía suficientes habitaciones para todos, de modo que aunque contrariados por no haber llegado a destino, el grupo se relacionó con cordialidad y estableció una buena conexión, aceptando la inusitada situación que los obligaba a todos a renunciar a estar con sus familiares para Noche Buena.

Casi se podía asegurar que el hecho de que hubieran tenido que cambiar sus planes, parecía haber sido un juego del azar, que lejos de contrariarlos los encontraba plenamente dispuestos a correr esa aventura.

Para la hora de la cena se reunieron todos en el comedor del pequeño hotel para cenar, acompañados por los dueños, quienes se preocuparon en preparar una improvisada Cena de Navidad para agasajar a sus huéspedes y para que pudieran disfrutar de ese festejo sin lamentar demasiado la ausencia de sus familias.

La lluvia arreciaba afuera, pero adentro reinaba la alegría, el baile, los brindis y la degustación de la más exquisita comida. Sin duda, todos estaban disfrutando de una Noche Buena diferente, sin haberla planeado, con buena música y una inusitada excelente compañía.

La cohesión de grupo que se produce espontáneamente en los casos en que un número de personas se ve obligada a vivir la misma inesperada experiencia de crisis, los hizo sentir a todos hermanados como familia y seguramente fueron pocos los que vivieron esta situación como un contratiempo sino más bien como una excelente oportunidad para hacer nuevos amigos.

A la mañana siguiente, todos ya se conocían por sus nombres de pila, se intercambiaban cosas que necesitaban, se prestaban entre sí algunos enseres, y se intercambiaban direcciones y teléfonos, con el firme propósito de volver a encontrarse en poco tiempo.

El avión despegó al día siguiente con un pasaje que de mostrarse en un primer momento circunspecto e indiferente pasó a ser un grupo locuaz y divertido, deseoso de comunicarse entre ellos y de contarse todas sus cosas.

Todos llegaron a sus destinos con tiempo para disfrutar del almuerzo de Navidad junto a sus familiares, pero seguramente ninguno olvidó a sus compañeros de viaje ni la aventura vivida en ese pequeño hotel de un alejado aeropuerto, cuyos desconocidos habitantes les brindaron su sincera hospitalidad cuando tuvieron que aterrizar por cuestiones climáticas en ese aislado paraje y festejar la Noche Buena entre desconocidos, que pronto las circunstancias vividas los convirtieron en buenos amigos.

Familia es todo aquel que nos tiene afecto, familia son los amigos, la gente que nos aprecia y nos respeta, y familia es el otro, cualquier otro, cuando está solo y nos necesita.

Malena

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