2015/04/04

Psicología - Conozca su carácter



Conocerse significa ser conscientes de cómo uno es, condición que  permite aprovechar al máximo los propios recursos, aceptando las limitaciones y los aspectos negativos de la personalidad para poder superarlos.

El egoísta es el que no puede salir de sí mismo y utiliza a los demás para su propio beneficio.  Es el que cree que se merece tenerlo todo, el que necesita que lo admiren y que no puede renunciar a su imagen ideal. Generalmente no se da cuenta que lo es y se exige mucho a sí mismo porque cree que no lo querrán si no es perfecto.  Este rasgo de carácter se adquiere en la infancia cuando a un niño se le da todo lo que pide hasta que llega a creer que es mejor que los demás.  Es difícil que cambie.

El extrovertido trata de llamar la atención y a exagerar sus emociones.  Es muy sensible e inestable y también seductor y manipulador.  Desea ser estimado y reconocido, no soporta la rutina y necesita cambios.  Estas personas tienen que aprender a controlar sus emociones y a mitigar su necesidad de afecto mediante la autoafirmación y el desarrollo de una mayor autoestima por méritos propios, al margen de la opinión de los demás.

El fóbico padece de ansiedad social y tiene sentimientos de inferioridad que le obstaculizan las relaciones.  Necesita desarrollar su autonomía y aprender nuevas estrategias para relacionarse con otros, ganar seguridad y confianza en sí mismo aceptándose como es para poder actuar con mayor naturalidad y con menos temor al rechazo.

El paranoide es desconfiado y mal pensado.  Cree que siempre lo están observando o criticando porque interpreta mal las intenciones de los demás.  Son muy suspicaces y no aceptan las bromas. Puede mejorar bajando su actitud defensiva y dejando de pensar en lo que cree que piensan otros, porque por lo general se equivoca. 

El esquizoide es introvertido, reservado, solitario, y tiene dificultades para relacionarse emocionalmente.  Es beneficioso para él realizar trabajos que le exijan trato personal, tener más vida social y participar siendo como es, o sea haciendo lo que mejor hacen,  que es escuchar.

El impulsivo se caracteriza por la falta de control emocional, la irritabilidad y la agresividad.  Es inestable, autodestructivo y se aburre fácilmente.  Tiene que aprender a ser más metódico y disciplinado, planificar sus actividades diarias y encontrar fuentes de interés.

El dependiente es dócil e inseguro, tiene poca autoestima y dificultades para tomar decisiones y para asumir responsabilidades.  No tiene confianza en sí mismo y necesita que lo ayuden, que le digan lo que tiene que hacer, que lo aprueben y lo acepten. Estas personas tienen que dejar de lado la comodidad, madurar y enfrentar las circunstancias, aprender a tener iniciativas y a resolver problemas.

El depresivo se caracteriza por su desánimo e insatisfacción, por su negatividad y su constante preocupación.  Es escéptico y pesimista, tiene baja autoestima y se siente culpable de todo.  Puede aprender a ver el lado bueno de las cosas, vivir el presente sin pensar tanto en el pasado o en el futuro y evitar exigirse tanto y ser tan exigente con los demás.  Necesita estímulos y rodearse de personas alegres y optimistas.

El obsesivo es perfeccionista, exigente, rígido y detallista; muy responsable y trabajador.  Le gusta el orden, la planificación y la prevención.  Le ayudará ser más flexible, aflojando sus rígidas defensas y ser más audaz.

Todas estas formas de actuar pueden ser útiles para todos cuando se justifican; pero cuando una de ellas invade toda la personalidad y se convierte en la única forma de ser, produce una caracteropatía difícil de revertir que puede afectar el crecimiento y desarrollo normal de una persona.

Malena 

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