2016/02/19

Amores de Oficina - Psicología Malena Lede



Seguramente hay pocas personas que nunca se han sentido atraídas por otros que no sean sus parejas.

Creo que cuando se es joven es fácil enamorarse un poco de los galanes de las películas, de los compañeros de estudios, de algún vecino, y también de quienes comparten el lugar de trabajo; pero eso no quiere decir que si ya se tiene una pareja se la va a abandonar, simplemente es una emoción natural que despiertan algunas personas en otras, que se disipa naturalmente ni bien se vuelve a la realidad del mundo privado, si es que se tiene la madurez mental necesaria para no mezclar emociones pasajeras con sentimientos verdaderos.

La prueba está que en cuanto salen de ese ámbito conocido se ven diferentes y se sienten distintos.

Sin embargo, son muchos los que salvan esos escollos y se atreven a ir más allá de los límites de la oficina.

Los hombres son los más vulnerables a las tentaciones, quizás porque la expectativa de rol de la sociedad justifica más la infidelidad del hombre que la de la mujer; pero la traición es algo que se puede evitar si es que principalmente no queremos dañar la imagen que tenemos de nosotros mismos. Porque no se trata solamente de cuidar que no se entere el otro o de preservar la opinión que tengan los demás sino de darse cuenta de la importancia que tiene, ser fiel a uno mismo.

Cada persona con su conducta va formando en su conciencia su propia imagen, que es su yo más genuino, o sea quien realmente es; en función a un modelo de persona ideal que ha forjado desde su infancia o sea quién quiere ser, y las decisiones que tome en su vida siempre intentarán con mayor o menor éxito, respetar ese parámetro.

Es cierto que puede traicionar a otros pero nunca podrá engañarse a sí misma.

Cuando una persona no reflexiona, cede a sus impulsos y decide actuar contra sus propios valores sentirá culpa y su autoestima descenderá, lo que no le permitirá tener seguridad ni confianza en sí misma; dos factores claves para poder tener éxito en la vida.

Todos necesitamos un marco de referencia estable que nos satisfaga a nosotros mismos y que desearíamos pudieran compartir los demás, para poder confiar y amar sin condiciones, para ser capaces de de mantener una relación, para creer en nosotros mismos y desarrollar nuestro potencial y para brindar seguridad y tranquilidad a nuestros hijos.

Los valores humanos no los inventamos nosotros, están en nuestros genes y son universales. De nuestras decisiones depende no apartarnos de nuestra verdadera esencia para asegurar nuestra propia supervivencia y la de la humanidad.

Malena

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