2016/12/26

Nuestros maestros los animales - Psicología Malena Lede





Los estudios realizados por Jane Goodall en Tanzania indican que los chimpancés no sólo se manejan por instinto como se creía,  sino que también tienen carácter, emociones y hasta pueden pensar.

Esta especie caza a otros monos o a pequeños mamíferos en forma coordinada, posee una nutrida gama de conductas y un sistema de relaciones con su grupo; puede fabricar herramientas para extraer las termitas de sus agujeros y comerlas, trabajo que implica el uso de la inteligencia, la abstracción y la planificación; además del aprendizaje social recibido de su madre y de sus hermanos mayores.

Se considera que estos animales tienen también tradiciones adquiridas, ya que existen diferencias “culturales” o formas de hacer las cosas,  entre distintas poblaciones de chimpancés.

Actualmente se sabe mucho más sobre las relaciones entre las crías y sus madres, las jerarquías que respetan, cómo adquieren el liderazgo, sobre la territorialidad, las conductas altruistas y de cooperación, cómo resuelven sus problemas, sus conductas grupales y sexuales y cómo se comportan frente a la muerte.

Los humanos compartimos con algunas especies de primates,  muchos rasgos biológicos.  Los chimpancés y los bonobos de África son los que más se asemejan al homo sapiens; ya que tenemos en común un 98,6 por ciento de ADN.

La diferencia radica principalmente en el tamaño del cerebro, que en los humanos tiene un volumen de 1,400 cm3 y en estos animales sólo alcanza a 400cm3.

Debido a eso, es probable que el hombre haya podido desarrollar capacidad para hablar en lenguaje simbólico o sea de cosas que no están presentes, crear una cultura, investigar, enunciar hipótesis teóricas, imaginar inventos,  diseñar tecnologías complejas, conquistar nuevos mundos, viajar al espacio, desarrollar capacidades estéticas y espirituales y llegar a  preguntarse sobre el misterio de su propia existencia y la del mundo.

Los chimpancés también pueden utilizar piedras, palos y lanzas para cazar y tener empatía por sus semejantes, o sea comportamientos altruistas y de colaboración, llegando a adoptar crías huérfanas de otras especies y tratarlas como propias.

Cada chimpancé es único, posee rasgos, carácter, historia, gustos y miedos diferentes; conoce a todos los individuos de su propio grupo y reconoce sus aullidos.

Jane Goodall fue la primera presencia humana aceptada en una comunidad de chimpancés salvajes para  realizar una profunda investigación de campo y así poder conocerlos, descubrir la personalidad de cada individuo y continuar su evolución durante muchos años.

Otras especies que nos sorprenden son los cóndores, aves enormes que habitan en las cumbres más altas del planeta. 

Estas aves, que llegan a medir hasta tres metros con las alas desplegadas y que pueden volar a grandes alturas, tienen una importante vida social; suelen reunirse en grupos y brindarse mutuamente información utilizando algunos movimientos, ya que sólo pueden emitir un único sonido. Pueden vivir hasta sesenta o setenta años y recién a los ocho años comienzan a aparearse para procrear, siempre con la misma hembra.

Recuperemos de nuestros ancestros sus instintos, seamos más animales y así evitaremos destruirnos.

Malena Lede – Psicóloga
Fuente: Entrevista realizada por Alejandro Balbiano a Federico Bogdanowicz, antropólogo y primatólogo, Revista Muy Interesante No.373

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