2017/01/25

Los Cambios - Psicología Malena Lede





Saber vivir es aceptar los cambios, porque todo avanza en este mundo y nada se detiene.  Resistirse al cambio es renunciar a vivir, porque el cambio es el que nos mantiene vivos y el que nos permite crecer y evolucionar.

El propósito primordial de la vida es crecer y multiplicarse, en ese orden, no al revés, porque si no se ha crecido lo suficiente y se apresuran a tener  descendencia, esos hijos tendrán pocas probabilidades de desarrollarse y crecer.

¿Quiénes queremos ser? ¿Cómo queremos que nos vean los demás? ¿Somos capaces de ser fieles a nosotros mismos y honestos con los demás? ¿Por qué nos aferramos a las personas y a las cosas? ¿El amor verdadero existe? ¿Qué significa estar enamorado?

Solamente si sabemos quienes queremos ser podremos enfrentar el desafío de elegir nuestro destino sin que nada ni nadie tuerza nuestro camino y lo bueno de la vida es que si no estamos satisfechos con nosotros mismos en un momento dado,  siempre podemos cambiar y empezar de nuevo.

Se hace lo imposible para agradar a los demás, cumpliendo con todos los requisitos que la moda exige para “pertenecer” y no ser rechazados, de modo que lo que menos se hace es ser auténtico

¿Es cierto que es la apariencia lo que se aprecia y no la honestidad? ¿No será que en lugar de formar parte de un grupo lo que realmente se quiere es destacarse de los demás?

¿Por qué se necesita tanto usar a otro para lograr los propios fines? ¿Por qué se desea tener todo lo que tienen los demás sin discriminar ni pensar por sí mismo?

Estar enamorado es como un deporte de alto riesgo que dura poco y que nos expone a salir lastimados.

El amor verdadero es pensar en el otro como si fuera uno mismo, querer su bien, es darle prioridad en la lista de los afectos, es cuidarlo, es sentirse acompañado.

Si creen que el amor verdadero es para divertirse están equivocados, porque divertirse no es un propósito, es continuar jugando como cuando éramos niños a “como si…fuérámos adultos”.

La diversión la producen las cosas no las personas porque por ejemplo, si la sexualidad se toma como una diversión y no como el placer de la unión de dos personas que se aman,  se están usando mutuamente como cosas.

El impulso de divertirse es básicamente la necesidad de cambio, cambio de uno mismo, de rumbo, de proyectos, de planes.

Lo que pasa es que se confunde placer con diversión.  El placer surge en los estados de equilibrio y plenitud, la diversión surge del caos y de la división, dejar de ser uno mismo para ser otro diferente, tomarse licencia para dar rienda suelta a las pasiones y el desenfreno.

Podemos divertirnos sanamente con muchas cosas  pero para muchos no es suficiente porque se cansan de todo y cada vez necesitan hacer algo más arriesgado para lograr la misma emoción.

Además, si sólo queremos divertirnos sin llegar a profundizar nada, nos perderemos la esencia de la vida y de todas las cosas que realmente importan..

Malena Lede – Psicóloga


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