2017/09/13

LA DISCRIMINACIÓN Y LOS PREJUICIOS - http://psicologia-malenalede.blogspot.com




Cada persona tiene un código de valores, que no siempre es consciente, y que le permite tener su propia visión del mundo, su manera de pensar, distinguir el bien del mal, tomar decisiones, elegir un modo de vida y una posición política, pero también para  formar pre-conceptos y juzgar a los demás. 
Los prejuicios son marcos de referencia que se utilizan para comparar las ideas o formas de vivir y de pensar propias,  o del grupo de referencia,  con las de los demás, y para rechazar a los que por alguna razón son diferentes.

Nos manejamos más con los pre-conceptos que con la observación, por eso la realidad es para cada uno,  del color del cristal con que la mire.

No miramos la realidad tal cual es,  sino que la percibimos en función a nuestras experiencias, valores, identificaciones, posición social, nivel cultural, edad, sexo, temperamento, etc.

Todos tenemos la capacidad de formarnos una opinión de otro apenas lo vemos y evaluar si nos gusta o no nos gusta, si es confiable o amigable, si es simpático o no, si  es frío o cálido, si es educado o maleducado, de qué raza es, qué edad tiene, si es hombre o mujer, su status social y las intenciones que tiene; aunque no siempre esa opinión no sea correcta. 

Como ha sucedido a lo largo de la historia del hombre, tendemos a rechazar a los que no pertenecen a nuestro grupo de pertenencia, ya sean extranjeros, de otra raza, religión, edad o de otro nivel cultural; porque la estructura social impone ciertas cualidades o atributos considerados como aceptables y otras características como inaceptables.

Según el resultado de la aplicación de técnicas de neuro-imagen, las reacciones neurológicas ante personas enfermas o en estado de abandono, como vagabundos o drogadictos, son universales; o sea que la tendencia a la semejanza y el rechazo por lo diferente podrían ser de origen biológico.

Hemos adquirido el hábito de hacer suposiciones a partir de pocos indicios, una conducta que en la edad de piedra nos permitía distinguir los amigos de los enemigos y principalmente conocer  sus propósitos, pero que ahora resulta obsoleta.

Sin embargo, podríamos liberarnos de estas estructuras con un mayor nivel de conciencia; favoreciendo el contacto, tratando de comprender a los que son diferentes, intentando acercar posiciones, descubrir lo mejor de ellos mismos y eventualmente transformarlos en buenos colaboradores.

Malena Lede - Psicóloga 

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