Todo ser humano, aún aquel nacido en el lugar mas remoto, perteneciente a un grupo aislado, sin contacto con otro más avanzado, perdido en la selva o en las estepas desérticas; adoran a un Ser Superior que no ven ni han visto nunca.
Es tan precaria y corta la vida humana y somos tan vulnerables, que nadie puede tolerar estar solo en este mundo, sin un apoyo divino y poderoso que lo cuide.
Aún la persona más detestable y destructiva, no puede evitar pensar en Dios en el momento de su muerte.
"Más allá del buen y del mal, está la Verdad" decia Nietsche, un ateo acérrimo que reconocía la existencia de la Unidad en todo.
La perfección que existe en este universo posible gracias a los contrarios, surge en todas las cosas, por eso, este mundo nunca será perfecto.
Cómo lidiar con el mal es la cuestión, cómo reconocer siempre lo bueno de lo malo cuando muchas veces se encuentra oculto y es tan difícil de distinguir?
La persona es la máscara, con la que desempeña el rol que le ha tocado en en la vida, lo que aparenta, lo que hace, lo que piensa, lo que cree.
Todos estamos condicionados por el grupo al que pertenecemos, adquirimos los valores y le damos sentido a nuestras existencias, porque es difícil enfrentar u oponerse al grupo de pertenencia sin sentirse rechazado.
Hasta en los grupos más aislados y poco desarrollados existe una deidad protectora en quien creen, porque la inevitable contingencia humana los limita y Dios los ayuda a trascenderla.
Creer es poder y es lo que brinda la posibilidad de realizar todos lus sueños.
La creencia es la que brinda la fortaleza de la que carecemos, el apoyo incondicional, la posibilidad de la eternidad.
No necesitamos pruebas tangibles ni científicas, es un estado de gracia al que todos podemos acceder, creyendo.
Dios existe y está en cada uno de nosotros.
Malena Lede