LA CRISIS DE LA JUBILACION - Psicología Malena Lede

   Todo nuevo jubilado puede sufrir una crisis de identidad cuando su vida laboral llega a su fin; porque deja de ser una persona productiva para convertirse en alguien pasivo en la sociedad, sin su acostumbrada tarea diaria y sus rutinas, sin el rol que ocupó durante tantos años y sin sus compañeros de trabajo.

   Sin embargo, siempre habrá alguno que puede estar esperando ese día con mucha impaciencia  ya sea porque no le gusta su trabajo, porque recibe maltrato, porque está desconforme con su sueldo, porque tiene que recorrer largas distancias todos los días para concurrir a su empleo o porque no tiene posibilidades de progreso.

   En toda sociedad el trabajo otorga dignidad tanto al hombre como a la mujer.  Esa tarea debería  satisfacer la vocación y las necesidades materiales humanas  y llegar a brindar cierto nivel de seguridad.

   Pero lamentablemente no todos los seres humanos pueden acceder a una educación que le pueda asegurar su futuro.  Existen muchas personas que no pueden incorporarse al sistema laboral por falta de oportunidades para capacitarse para el trabajo, por pertenecer a familias disfuncionales, por falta de incentivos, de identificaciones positivas o por haber nacido en un medio de extrema pobreza.

   Estas personas no tendrán la posibilidad de conseguir un trabajo digno y menos acceder a una jubilación cuando le corresponda.    

  Tener la posibilidad de haber trabajado honestamente y de contar con una jubilación que permita mantener un aceptable nivel de vida es un verdadero privilegio que la gran mayoría no suele reconocer, muchas veces abatida por el complejo de la tercera edad que debería ser la oportunidad de acceder a un nuevo modo de vida.

   La tercera edad es la edad de la cultura.  La cultura es todo lo que el hombre y la mujer hacen, ya sea manual, artesanal o intelectualmente.  Es la edad de aprender lo que siempre se quiso hacer o saber y no se pudo, de  desarrollar capacidades innatas que han sido postergadas, de estudiar disciplinas que interesen, de desarrollar tareas artísticas, de asistir a bibliotecas, museos o teatros, de aprender algún deporte y hasta de llegar a escribir un libro.

  Aunque el mundo esté ahora padeciendo una pandemia, la expectativa de vida de un ser humano en épocas normales es de vivir muchos años más después de su jubilación, de manera que se puede interpretar como un nuevo nacimiento, una nueva oportunidad de vivir la vida de otro modo que puede ser mucho más placentero, sin obligaciones impuestas sino elegidas.

   Los filósofos orientales coinciden en afirmar que dormir bien, meditar diariamente,  pensar en positivo, moverse y comer saludablemente son las reglas que hay que seguir para lograr la longevidad.

   En los últimos registros a nivel mundial de longevos figuran en primer lugar, Costa Rica, en segundo lugar Cerdeña, el tercero Okinawa (Japón), el cuarto Icaria (isla de Grecia) y el quinto La Comunidad Lomalinda de California.

   En estos índices podemos ver que para ser longevo no se trata de tener mucho dinero sino de mantener una buena calidad de vida, que incluye un clima benigno,  una buena alimentación, tranquilidad, descanso, esparcimiento y movimiento.

  La crisis de la jubilación representa el miedo a la libertad, a envejecer, a enfermar y a morir.  Es un buen momento para despertar, seguir creciendo y principalmente para buscar a Dios.

Malena Lede