¿Es posible que el logro principal en la lucha de los bancos contra los "hackers" sea hacerle perder la paciencia a sus clientes?
Después de un fin de semana largo de cuatro días feriados, todo el sistema parece haber colapsado; es probable que además de las medidas de seguridad se haya aprovechado para actualizar los sistemas pero también es cierto que para los clientes, seguirles el tren cada día a los bancos resulta más engorroso y difícil.
La tecnología se vuelve en contra del bienestar del ser humano y lejos de abreviar o evitar trámites los complejiza. Parece ser que este es el precio que tenemos que pagar por los avances tecnológicos.
Hoy, primer día hábil después de los feriados, las colas en los cajeros automáticos era realmente muy larga en todos los bancos, señal que los "home banking" no funcionaban.
Fue una gran frustración quedar afuera sin poder resolver nada hasta el feliz día en que podamos ser atendidos debidamente en los bancos como Dios manda.
Cuando todavía los seres humana están lejos de haber logrado relacionarse debidamente entre ellos, tienen que aprender a comunicarse óptimamente con las máquinas, rígidos entes racionales que sólo obedecen precisas órdenes y que no admiten ni olvidos ni errores.
Además de luchar contra un nuevo lenguaje también tenemos que enfrentar las nutridas fallas que no respetan sus mismas indicaciones.
"Elija una contraseña de cuatro dígitos". sin embargo cuando la tenemos que utilizar para realizar una operación nos pide una contraseña de seis dígitos.
¿Acaso hay algo más tedioso que tener que leer las instrucciones cada vez que nos atascamos en un terreno fangoso?
No lo creo, porque también hay que descifrar esas instrucciones, que parecen estar escritas para embarrar la cancha y no para aclarar nada.
Los que más sufrimos estos avatares somos los que hemos nacido en otras épocas y nos resistimos más a los cambios.
Creo que lo que más se rechaza es el hecho de darse cuenta que no existe alternativa alguna, que lo que ya vemos en la ciencia ficción no es ni tan descabellado ni imposible y que la próxima guerra en el mundo será contra las máquinas.
No es sólo un oscuro temor infundado, porque la realidad nos está demostrando que es muy posible que no haya nada que pueda impedir que la inteligencia artificial llegue a tener ideas propias y como ocurre en las películas de terror, no habrá libro de instrucciones que pueda salvarnos de sus frías e insensibles decisiones lógicas.
No siempre los avances tecnológicos tienen como objetivo hacernos más felices, más bien resultan ser un factor de poder humano para aniquilarse unos a otros.
Malena Lede
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