2011/07/10

Vivir sin Miedo





Desde que nacemos tenemos miedos básicos que necesitamos para poder sobrevivir.

A medida que crecemos vamos agregando otros temores nuevos según nuestra personalidad, la calidad de vida que tenemos y cómo vivimos las experiencias.

El miedo a la pérdida, a la incertidumbre, al cambio, a lo desconocido y a la muerte, son los temores que posteriormente suelen transformarse, en algunos casos, en ansiedad generalizada, fobias y ataques de pánico.

Hoy en día la información nos llega en forma inmediata de todas partes del planeta. Lo que antes permanecía ignorado para la mayoría ahora se sabe y es casi imposible no enterarse.

Los actos de violencia, las pérdidas económicas, la soledad, la inestabilidad afectiva y laboral y las dificultades para insertarse socialmente, son situaciones que preocupan a la mayoría, que además tiene miedo de tener miedo.

Sin embargo, a pesar de la atemorizante crónica diaria y de las amenazas a las que todos estamos expuestos, la mayoría no ha tenido que sufrir todas las tragedias que ha temido y seguramente se ha perdido oportunidades por causa de los miedos.

Ser feliz es no tener miedo, poder confiar y entregarse a la incertidumbre a pesar de todo siendo optimistas y estando dispuestos a asumir algún riesgo; porque vivir siempre a la defensiva obstaculiza el crecimiento.

El miedo no nos permite tomar decisiones y nos hace postergar cualquier iniciativa. Por miedo rechazamos los cambios y nos privamos de la posibilidad de intentar cosas nuevas.

El miedo es una emoción que se siente frente a ciertos estímulos que también tiene efectos fisiológicos y en la conducta que exceden la dimensión consciente y depende del significado y la interpretación que se le da a las experiencias.

Los miedos dejan una huella en la memoria y se relacionan con las situaciones traumáticas, con el estilo de vida, con los vínculos y con la forma de comunicación; e influyen en la personalidad.

Algunos miedos se heredan; son los impuestos por los padres, o por la sociedad o la cultura.

El miedo normal es una defensa que nos preserva del peligro, pero cuando se convierte en temeridad es patológico.

El temerario es un suicida en potencia que niega el peligro.

En función a las experiencias aprendimos a tener miedos y así como los aprendemos podemos también desaprenderlos.

La psicoterapia se centra en identificar los patrones de significado que desencadenan el temor y vuelve a darle un nuevo significado al aprendizaje y a la experiencia.

El miedo patológico es el trastorno que mayor cantidad de consultas ocasiona, altera la mente, la conducta, la vida afectiva y las funciones orgánicas.

La ansiedad normal es el estado de alerta necesario para enfrentar los desafíos de la vida, pero se convierte en patológica cuando aparece frente a situaciones comunes que no la justifican.

Los miedos varían en cada etapa evolutiva y el abordaje terapéutico también es diferente para cada edad.

Los problemas de aprendizaje y el bajo rendimiento escolar pueden ser temores que alteran la atención, la concentración y el estado de ánimo.

Los temores en la adolescencia pueden estar relacionados con el miedo a la sexualidad y con el temor al rechazo social; y pueden producir conductas antisociales, adicciones, ostracismo y evitación de la comunicación familiar.

Los adolescentes muchas veces se niegan a pedir ayuda y encubren sus miedos actuando en forma transgresora y negativa para su desarrollo.

El miedo patológico afecta el sistema nervioso central a nivel de los sistemas neurotransmisores y hormonales y puede producir daño y muerte neuronal.

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