2012/11/27

La Casa del Lago - Cuento


Pocas veces nos atrevemos a ir a la casa de lago en invierno los fines de semana, porque es difícil calentarla en poco tiempo.

Esta vez la puerta estaba sin llave, señal que tal vez algún intruso había entrado aprovechando la cómplice soledad del lugar y la ausencia de ocupantes.

No obstante, decidimos entrar con precaución, casi con miedo, tratando de no hacer ruido por si aún había alguien, hasta que de pronto, sobre la alfombra gris, vimos brillar una gran mancha de sangre.

Sin duda no sólo alguien había estado allí sino que también algo terrible había sucedido. Alguien que había dormido en nuestra cama y que había revisado todos nuestros cajones, seguramente buscando algo de valor.

La policía no tardó en llegar y una patrulla con perros se dedicó a registrar las inmediaciones buscando huellas.

Sobre el posa brazos del sillón del living descansaba un par de guantes negros y en la chimenea todavía había brasas ardiendo. Dos vasos de whisky sin terminar, con vestigios de lápiz labial en el borde de uno de ellos, le permitieron al oficial a cargo de la investigación, aventurar la conjetura de que una pareja había pasado la noche en la casa y que el desorden se debía a una pelea. Posiblemente las huellas digitales podrían ayudar a identificar a los intrusos.

Por alguna razón, recordé que nuestros vecinos más cercanos tenían la llave de la casa, para que su doméstica hiciera la limpieza. Era un matrimonio extranjero que nos enteramos había vendido la propiedad hacía poco tiempo; gente extraña y solitaria que habíamos conocido casi por casualidad, porque vivían atrincherados en su casa.

Casualmente, el dueño de la estación de servicio nos había dicho antes de llegar, que recientemente los había visto por el lugar.

La búsqueda policial dio resultado porque los perros comenzaron a ladrar cerca del lago, al aparecer un cuerpo de mujer flotando en el agua muy cerca de la orilla, oculto entre los pastizales.

Poco después se confirmó la presunción de que había fallecido por haber recibido una puñalada en la espalda.

Al ver el rostro de la pobre mujer, la reconocimos, era Ingrid, la mujer del vecino que había vuelto de Alemania con su marido para morir misteriosamente en ese lugar en forma extraña.

Del hombre no había rastros, sólo unos guantes negros sobre el sillón de cuero, casi nuevos,que parecían revelar su presencia.

Cuando la patrulla abandonó el lugar,con el cadáver, nos quedamos solos. La estufa se había apagado y las cenizas parecían el símbolo de esa enigmática historia; pero lo que no podíamos entender era la relación que tenía todo lo que había pasado con nuestra casa.

Me acerqué a la ventana para ver una vez más la puesta de sol en el lago, con muchos interrogantes en mi cabeza aún sin respuesta, cuando de pronto me pareció ver que algo flotaba cerca de la orilla balanceándose a la deriva en el agua.

Salimos rápidamente y pudimos ver el cuerpo de un hombre que yacía inmóvil boca abajo.

El nuevo hallazgo exigió otra vez la presencia de la policía que luego de sacar el cadáver pudo constatar que se trataba del esposo de Ingrid que había muerto víctima de fuertes golpes en la cabeza con un objeto contundente.

Aunque existía el peligro de que el asesino estuviera aún merodeando por los alrededores, tal vez ávido de nuevas víctimas, y como era muy tarde, decidimos quedarnos, ya que era más peligroso aventurarse a enfrentar asaltantes en la ruta que exponerse en la propia casa a un maníaco suelto.

A las dos de la mañana sonó el teléfono; era el comisario de la zona que nos informaba que habían detenido al sospechoso del doble asesinato. Era el sobrino de nuestros vecinos que posteriormente confesó haber matado a sus tíos para quedarse con su dinero.

Ignorando esa intención, el matrimonio, que había vuelto de Alemania a buscar el producto de la venta de su propiedad, decidió utilizar la llave de nuestra casa que tenía en su poder, para quedarse a pasar la noche, sabiendo que en invierno no venía nadie y sin sospechar que su sobrino, único heredero, planeaba matarlos.

Fuente: Inspirado en el cuento que escribí para el foro de lectores de la Nación el 11/12/2007.

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