2013/10/07

La Alegría


Desde el punto de vista psicológico, los problemas vasculares, circulatorios y cardiacos, significan falta de alegría. Los procesos tumorales, abscesos, acumulaciones de líquido, sangre, pus o cualquier otra secreción corporal significan problemas emocionales que no se pueden asimilar ni procesar; y la pérdida del conocimiento es el mecanismo orgánico que simbólicamente representa la necesidad de interrumpir el flujo de información, cuando ésta desborda la capacidad de atención.

Las personas agobiadas por muchas responsabilidades, que tienen que soportar grandes presiones, con alto nivel de exigencia y con la necesidad de tener todo bajo control, pueden resultar afectadas físicamente con dolencias cuyo detonante es el resultado de ese estrés.

La alegría es la naturaleza de la vida y es la que nos permite aceptar los avatares de la vida, ser agradecido por todas las oportunidades que nos brinda y seguir adelante aún en situaciones difíciles, sin condiciones.

Sin embargo, pocos se atreven a decir que son felices con lo que son y con lo que tienen, más bien se empeñan en mostrarse desconformes, porque creen que la disconformidad es lo que los impulsará a mejorar su situación en el mundo y les traerá por fin la tan anhelada alegría.

El mundo refleja pesimismo en la expresión artística, en las manifestaciones públicas, y el caos, la destrucción y la guerra parecen ser nuestro inevitable destino.

Los seres humanos eligen ser infelices e ir contra la corriente, contra la naturaleza, contra el sentido común, contra sí mismos.

El verdadero problema es la falta de conciencia, la necesidad de estar distraídos en lugar de estar atentos centrados en el estilo de vida que eligieron, en el amor por su trabajo y por su familia.

Cuando hacemos lo que nos gusta podemos prestar atención y sentimos que cada minuto que pasa tiene sentido porque logramos estar concentrados por completo.

El que hace lo que le gusta sin exigencias externas y sin necesidad de demostrar nada, siente espontáneamente alegría de estar vivo, porque la alegría es su estado de ser.

Pero en cuento intentamos competir, obtener reconocimiento o demostrar que somos superiores, la alegría desaparece y en su lugar queda el vacío.

La falta de alegría está mostrando que se ha errado el camino, que se ha respondido a las expectativas de los demás y que se está postergando la realización personal por motivaciones que no cumplen los propósitos propios.

Sólo existe una sola manera de actuar y de ser, la propia, y cuando se actúa de otro modo se renuncia a la alegría de vivir.

Para seguir viviendo según los modelos de otros, se necesitan distracciones, huir de sí mismo y de la propia conciencia.

La alegría surge prestando atención a la conciencia, no es producto de la fama, del dinero, del prestigio o del poder, es tener plena conciencia de sí mismo.

Las distracciones nos dan placer y también dolor, no alegría interior. Algunos se quedan en ese nivel, son los zombies que vemos a diario que hacen todo lo que hacen los demás, que se visten igual, que piensan igual, que hablan igual y que se comunican por teléfono incluso cuando están frente a frente.

El gesto de manipular frenéticamente un teléfono celular se ha universalizado y se ha convertido en una prótesis del cuerpo de la mayoría de los seres humanos.

Para ellos es inconcebible vivir sin su celular porque ¿qué harían entonces con su ansiedad y con su sensación de sentirse dividido y aislado?

La alegría no tiene nada que ver con las circunstancias, es un estado de paz, es meditación.

Malena

Fuente: “La alegría”; Osho.

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