2015/07/28

Un caso de conversión religiosa - Psicología Malena Lede




El doctor Marcelo Dezzi, psiquiatra, fue un hombre sin ninguna creencia religiosa hasta la edad de 38 años; posteriormente le ocurrió algo inesperado y misterioso, difícil de creer, que lo transformó en otra persona diferente, capaz de dedicar su vida a la religión.

Hoy en día es a la vez psiquiatra y predicador laico religioso que incluso es requerido como consejero o para la asistencia terapéutica de sacerdotes, con crisis psicológicas y vocacionales. Está casado y tiene tres hijas.

El Dr. Dezzi dice que el problema del celibato de los sacerdotes católicos es un tema que preocupa a la Iglesia y que tal vez no esté tan lejos el día en que llegue a ser tratado en los sínodos, porque a su entender, hay sacerdotes que poseen la gracia del celibato y quienes no y el que tiene vocación religiosa y se ordena como sacerdote, tendría que tener la posibilidad de elegir y porque no se le pueden poner reglas a la naturaleza porque todas las desviaciones provocan trastornos psicológicos y orgánicos.

El Dr. Dezzi se casó muy joven mientras estaba cursando la especialidad en psiquiatría en Buenos Aires. No se casó por iglesia porque era ateo.

De niño había tomado la primera comunión sin ninguna convicción religiosa, pero cuando nació su primera hija la bautizaron para satisfacer los deseos de la familia, porque él seguía siendo tan ateo como antes.

Luego del nacimiento de su hija, la familia se trasladó a Mendoza, donde nació su segunda hija, pero su matrimonio se había deteriorado tanto que decidieron divorciarse.

Tiempo después, el Dr. Dezzi se enamoró de su actual mujer, Rosa, muy religiosa, ex catequista, con quien tuvo una hija.

Un día, un colega y la madre de este colega, le pidieron que fuera a ver a su tío, hermano de la madre, porque mostraba signos delirantes: decía que hablaba con Jesús y con la Virgen María.

El Dr. Dezzi lo fue a ver un Viernes Santo, porque estaba más desocupado.

El tío de su colega era un italiano corpulento, sencillo, rústico, con escasa educación, pero que había tenido éxito en los negocios y había ganado mucho dinero.

El hombre lo hizo pasar, le habló de la Virgen de Lourdes y le mostró, en un santuario que había montado en su casa, una imagen de la Virgen que chorreaba sangre.

Le dijo que había visto a la Virgen y que la Virgen sanaba y ante su sorpresa le preguntó si quería que le diera su bendición.

Al Dr. Dezzi, el desconcierto le provocó risa, pero quiso seguir el juego para ver hasta dónde llegaba su delirio y accedió.

El hombre lo hizo parar frente a un sillón y comenzó a rezar mientras iba acercando la mano a su frente.

Antes de tocarlo, el Dr. Dezzi cayó en el sillón pero sin perder el conocimiento, no se daba cuenta qué es lo que pasaba pero de pronto comenzó a sentir una inmensa paz que hasta el día de hoy conserva.

Él no era un hombre nervioso, era tranquilo, pero la paz que sentía no era natural, era sobrenatural.

Con los ojos cerrados vio a su abuela muerta rezando el rosario, como lo hacía habitualmente cuando vivía. Creyó que se había vuelto loco pero no le importaba porque la paz que sentía era tan intensa que no le interesaba de dónde procedía y fue la primera vez que vio a la Virgen con los ojos del alma.

Cuando le preguntó al italiano carismático qué le había pasado, le dijo con toda tranquilidad que había tenido una conversión.

Una vez en su casa sintió deseos de rezar el rosario, pero se escondió en el baño para rezarlo porque él se jactaba de ser ateo y ahora se avergonzaba de su cambio.

Perdió a su mejor amigo que era tan ateo como él y con el que se quedaba hasta altas horas de la noche hablando de filosofía nihilista. Tuvo que soportar una ola de desprestigio profesional e incluso recibió críticas por parte de personas pertenecientes a la Iglesia, porque él era divorciado.

Luego se conectó con el padre Darío Betancourt durante un retiro que tuvo lugar en Córdoba en el que realizó la multiplicación de las hostias.

Durante ese retiro y antes de conocerlo, el padre Betancourt intuyó su presencia y le dijo a la multitud que entre ellos había una persona, profesional de la salud, que había sido convertido gracias a las oraciones de su abuela.

Desde entonces, el Dr. Marcelo Dezzi se dedica a realizar retiros carismáticos de sanación interior y liberación, tanto en Argentina como en países limítrofes.

El Dr. Dezzi también ha recibido el don de lenguas que significa la posibilidad de hablar de corrido como se habla la propia lengua, un idioma que jamás se ha estudiado ni conocido, como el hebreo, el latín o el arameo.

También ha escrito varios libros como “Cristo o Satanás” donde enseña a no ser tibios; “Camino de conversión”; donde cuenta su propia conversión y “Terapia en el Espíritu” donde plantea como eje de la terapia, la oración.

Malena
Fuente: “Los Siete Poderes”; Víctor Sueiro.

3 comentarios:

  1. ¡Hola Malena! Yo estoy viendo que la curación de las enfermedades mentales es la amistad, el amor y el contacto humano. Buena amistad y contacto humano agradable porque si no, na nai. Se multiplica lo malo.

    Dicen que María Magdalena era una mujer que estaba endemoniada, lo que hoy sería estar mal de la cabeza y Jesús la sanó.
    El amor sana. Las pastillas te bajan el pito. :P :) (Te dejan impotente, a veces) Mejor el amor.

    Pero el paciente mental es difícil que tenga amigos si está muy mal.

    Hay un vecino en mi Barrio que habla solo en la calle. Viste raro, con una camisa de vestir y un chándal, y una zapatillas de estar en casa. Se vé que ir a una tienda de ropa le cuesta. Porque mucha gente le margina.

    Recuerdo que una vez fue a tomarse un café a la máquina que había en el local debajo de mi casa. Y un muchacho se reía de él con el de la tienda. Se ponía a burlarse en voz baja del hombre.

    Nadie habla con él. Yo lo saludo, y algunas veces me contesta con una sonrisa de bondad. Valora que le salude. Otras veces, gira la cara y el cuerpo. Está inquieto.

    Yo, cuando paso delante de él, siento una especie de ventisca del desierto. Como si su mente estuviera sumida en eso. Es una sensación que tengo. Yo me fío de mis sensaciones.

    No parece mal, el hombre joven, Javier se llama. Podría ser jugador de baloncesto. Mide dos metros y pico, es flaco y tiene unos 45 años. Y está más solo que la una en la calle. Cuando hablo con él, me habla como en un ruego. Como si estuviera en una situación mental y de otra clase que necesita ayuda. ¡A ver si se mejora, el hombre! Le deseo suerte, y... ¡chacha, creo que yo podría estar como este chico! Cuando iba al instituto estaba en alguna circunstancia parecida, como pocos amigos y soledad.
    Aunque psicológicamente estaba mejor. Algo mejor. ¡Gracias a Dios!
    bueno, hasta luego :)

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  2. Hola Pablo, eres una buena persona pero no confíes demasiado en personas con conductas extrañas porque pueden hacerte daño y engañarte. No te compares con nadie, porque cada persona es única. Tu ahora estás bien y piensa firmemente que cada día estarás mejor. saludos, malena

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  3. hola alguien sabe como contactar con el dr

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