2016/11/27

El dolor como motor de cambio-Psicología Malena Lede




El dolor que produce una enfermedad o una pérdida puede convertirse en una experiencia enriquecedora que enseña a crecer.

Son muchos los que necesitan enfermarse, perder a un ser querido o alguna de sus capacidades para poder despegar y animarse a volar; porque el dolor tiene el poder de generar la fuerza para cambiar de perspectiva y avanzar.

El dolor nos transforma y nos pone en contacto con nuestra dimensión espiritual, sin embargo todos huimos del dolor y son pocos los que se atreven a enfrentarlo por temor.

Si el dolor no encuentra un cauce que permita su aceptación, produce aún más sufrimiento y se vuelve patológico.

Sin embargo el dolor cura, nos avisa que hay algo que estamos haciendo mal y nos da la posibilidad de curarnos.

El dolor no se puede evitar y aunque resulte difícil de aceptar, es la mejor manera de aprender y de evolucionar; porque cuando la vida transcurre sin ningún sobresalto todos deseamos mantener ese estado a toda costa.

El dolor es una sensación subjetiva que nos llega al alma y que puede producirnos un desequilibrio psíquico, sin embargo puede ser la señal que nos está indicando el camino que tenemos que transitar.

Expresar el dolor emocionalmente es la condición necesaria para recuperar la salud tanto física como psíquica; sin embargo, desde el punto de vista social puede considerarse un signo de debilidad.

La educación que recibimos no siempre favorece nuestra salud mental porque hemos sido criados para disimular nuestras debilidades y mostrar nuestras fortalezas.  “Los hombres no lloran”, “es mejor tomar una pastilla que hacer un papelón en un funeral”, “llorar es una conducta infantil”.

Las emociones no expresadas generan enfermedades, el asma, por ejemplo, desde el punto de vista psicológico,  es la expresión de un llanto reprimido que ahoga.

El dolor debe ser vivido no rechazado y también escuchado porque siempre tiene algo que decirnos y finalmente elaborado para poder integrarlo a nuestra identidad.

Huimos del dolor con medicamentos, con alcohol, con distracciones o falsas compañías, pero cuanto más lo rechazamos más se incrementa, porque no podemos huir de nosotros mismos.

Para superar normalmente el dolor de las pérdidas es inevitable transitar por cuatro etapas,  la negación, la ira, la pena y la aceptación.

Un año es el tiempo que se necesita para elaborar un duelo normal y hasta dos años no se considera patológico. 

Si el dolor no es metabolizado de esta forma se corre el riesgo de sufrir una enfermedad física o psíquica.

El dolor, la ira, el miedo y la alegría son emociones humanas que necesitan ser expresadas y no reprimidas, para evitar serios trastornos.

Malena Lede - Psicóloga 

Para leer más sobre este tema : "Bienvenido dolor"; Pilar Sordo (Psicóloga)

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