Es probable que esta sea la primera oportunidad en la vida que tienen las parejas de compartir tantas horas juntos. Esta experiencia, no siempre resulta placentera, muchas veces puede amenazar la continuidad de muchas relaciones.
El encierro forzoso no es la mejor de las condiciones para la vida en común, porque lo habitual y razonable es que, salvo excepciones, una pareja con o sin hijos, no compartan todo el día, sino que cada uno tenga una vida propia, una ocupación, distracción, amigos, o estudios y su propia intimidad y que sólo compartan una o dos comidas al día, y cada uno pueda disponer de su propio tiempo desarrollando con libertad sus intereses.
En este momento más que nunca, es imprescindible aprender a tener vida propia, a no depender de otro para entretenerse, sentirse acompañada, mimada, amada, considerada; porque los otros están pasando por lo mismo y no están en condiciones de dar nada.
La pandemia no sólo está cobrando millones de víctimas en el mundo sino que está cambiando la forma de trabajar, de estudiar, de relacionarse con los familiares, con los amigos, con la pareja y con los hijos.
Ese cambio no es nada fácil porque cada uno tiene su propia personalidad, porque los cambios cuestan mucho y porque salir de una rutina elegida exige encontrar otra igualmente atrayente que es muy difícil hallar en el encierro.
Es como si nos hubiéramos visto obligados a trasladarnos a otro planeta diferente, donde no hay atmósfera y la vida se debe desarrollar encerrados en una burbuja.
En todo el mundo muchos trabajadores perdieron su trabajo, no menos empresarios se vieron obligados a cerrar sus fábricas o negocios, la mayoría fruto de muchos esfuerzos. la falta de público en los teatros, cines y lugares de esparcimiento, paralizó la actividad artística y la necesidad del aislamiento prácticamente terminó con toda actividad imaginable creando una sensación de desolación y muerte.
Claro que en esta vida siempre hay esperanza y ya se puede vislumbrar, todavía a lo lejos, el brillo de una luz al final del túnel, que es la vacuna, la que sin lugar a dudas terminará definitivamente con esta mortal plaga para siempre.
Hay que comprender que en el mundo viven más de quince mil millones de personas diseminadas por todo el planeta y que no es nada fácil satisfacer la necesidad de vacunas para todos de inmediato, aunque ya existan muchos laboratorios que trabajan incansablemente para salvar vidas aunque el costo seguramente sea alto.
Mientras tanto hay que tomar todos los recaudos para no contagiarse, cuidarse individualmente, no frecuentar lugares cerrados muy concurridos, evitar aglomeraciones, no viajar innecesariamente en transportes públicos, no salir a la calle sin barbijo doble y lavarse siempre las manos al volver.
No hay que tener miedo sólo hay que tener cuidado y aprovechar esta oportunidad para demostrar el afecto a nuestros seres queridos.
Piensen en que hay cosas que siempre han querido hacer y que no hacían porque no tenían tiempo, bueno, llegó el momento de hacerlo, de releer los libros de la biblioteca que les gustaron, de aprender un idioma, de ver una serie completa por televisión, de hacer gimnasia todos los días en casa, de tener un jardín en el balcón, de aprender a cocinar más y mejor.
Todos estamos en el mismo barco y tenemos que remar para llegar a la orilla, ninguno se puede quedar atrás llorando por la nave perdida. Hay que aceptar la adversidad, encontrarse, reconocerse, quererse, dar amor y aprender a rezar.
Malena Lede
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