LA PLANDEMIA

Crece la pandemia y crecen los planes.  Estamos en una plandemia, duro flagelo que es aprovechado para ganar votos y que reveló,  al aparecer la esperanza de las vacunas las miserias humanas.  Me refiero a la tristemente célebre elíte que se vacunó en primer término llenándonos de vergüenza ajena, viendo cómo se atrevían a utilizar toda clase de contactos cerca del poder para garantizar no sólo su propia inmunidad sino también la de toda su familia..

Esta actitud restó aún más la credibilidad de  los gobernantes de turno y aunque ese delito pudo ser parcialmente reparado con la salida del funcionario responsable, muchos hemos perdido la confianza, 

La provincia de Buenos Aires es la que tiene más habitantes, no obstante, las malas administraciones han hecho que se extiendan las villas de emergencia y que sean insuficientes los servicios sanitarios.

Necesitan que la Ciudad de Buenos Aires y otras provincias, compensen sus carencias y en lugar de intentar un desarrollo autogenerado se apoyan en el Poder Central para lograrlo.

Es así como la Ciudad, que no llega a alcanzar niveles demasiado altos de contagios y fallecidos, tiene que endurecer los controles de circulación por la noche como si los tuviera.

Hay mucha gente que no podrá trabajar, principalmente porque se trata generalmente de trabajadores informales pero que son ayudados por el gobierno con planes.

Los planes son dádivas.  Está comprobado que las dádivas sólo consiguen mantener al pobre en su pobreza, pero es probable que el gobierno  crea que pueden traducirse en votos a favor.

El terror de los dirigentes de la Provincia de Buenos Aires es no poder contar con la atención médica necesaria en caso de un aumento de casos, ya que esto revelaría la precariedad del sistema sanitario y la escasa previsión en materia de salud.

La pandemia así se transforma en una plandemia si tenemos en cuenta la cantidad de planes que se otorgan para mantener a todos aquellos que si no trabajan no cobran, que no hacen aportes ni tienen servicios sociales. 

Este estado de cosas produce la paradoja de tener que tomar forzosamente empleados informales porque si se incorporan al sistema pierden los planes. 

La informalidad se extiende también a su nucleo familiar ya que por lo general las parejas mantienen el concubinato aún teniendo muchos hijos para continuar cada uno percibiendo muchas veces los mismos  planes, dado que no existe ningún tipo de control en ese aspecto.

La mujer aparece como madre soltera pero nadie se entera que vive con el padre de sus hijos que muchas veces tiene un buen trabajo, por lo tanto puede cobrar subsidios como si viviera sola.

Los planes no sacan de la pobreza a la gente, al contrario la sumerge aún más en la miseria y la obliga a delinquir estafando al Estado y a todos los ciudadanos que trabajan decentemente para ganarse la vida, generando en el mejor de los casos sentimientos de culpa.

En estos momentos, los planes y la pandemia van de la mano porque obliga a sumar  otras asignaciones a la lista ya existente. 

Todos sabemos que cuántas más sean las prohibiciones mayores serán las transgresiones, sin embargo, se insiste en paralizar la actividad de todos los que se han arriesgado a emprender una actividad empresarial en este país, exponiéndose a perderlo todo en cada eventual crisis; con las marchas y contramarchas y con líderes famosos por sus improvisaciones e inseguridades.

Respetar el derecho de los ciudadanos a trabajar no impide tomar todos los recaudos necesarios para no contagiarse el virus que nos acosa; utilizando los medios de comunicación para instruir a la gente sobre la mejor conducta a observar para conservar la salud y al mismo tiempo  insistiendo para que asuman su propia responsabilidad.

La educación es todo mientras la prohibición es atraso, provoca una respuesta infantil de dependencia  porque alimenta la creencia en que los ayudarán de todos modos.

Dejemos de ser el país del Jardín de Infantes, como bien decía María Elena Walsh y enseñemos al pueblo a comportarse como adultos, confiando en ellos, alentándolos para que prosperen y dándoles los medios para que aprendan a caminar solos.

Los planes son como paños fríos, no solucionan nada, sostienen el día a día y degradan a la categoría de inútiles a los seres humanos que los necesitan porque no han tenido la suerte de educarse.

Eduquen al pueblo, permítanles que sean dueños de sus vidas, que elijan sus destinos y puedan mantenerse solos.

Esta plandemia supera los estragos que está produciendo el corona virus, porque es la peor de todas las epidemias.

Malena Lede