LANA Y ALGODÓN EN VÍAS DE EXTINCIÓN

   En pleno invierno, en la ciudad de Buenos Aires no pude encontrar ningún negocio que vendiera prendas de lana, y las telas que deberían ser de algodón ahora están hechas de  una mezcla rara de fibras sintética, que en el mejor de los casos, apenas llevan un ínfimo componente de algodón. 

   Las ovejas no tienen que morir para darnos su lana, por lo tanto es un bien renovable y su obtención es incruenta.  Qué pasa que no queda nada para nosotros?  Los comerciantes argumentan que es imposible comprar a los precios que los productores e intermediarios exigen, por lo tanto venden su producción al mejor postor, o sea al exterior.

   Es cierto que hemos tenido algunos inviernos demasiado benignos, fenómeno que hizo que se  eligiera para las siguientes temporadas invernales ropa hecha con materiales más livianos; pero este invierno está haciendo frío, y es comprensible que los comerciantes, acosados por la pandemia, el cierre de los negocios y la crisis económica, no se arriesgaran a realizar altas inversiones para proveerse de ropa invernal de buena calidad para el consumo interno.

  Pese a todas las dificultades, siento que en vez de avanzar nosotros retrocedemos y todo se va transformando en otra cosa diferente a lo que conocíamos.

  Hemos aprendido a nivelar para abajo y cada vez es peor. Aún en los negocios tradicionales que se enorgullecían de sus productos se puede ver esa transformación, como si hubiéramos sufrido una guerra y el enemigo se hubiera apoderado de lo mejor que teníamos y hayan quedado sólo las sobras.

  Argentina, que se enorgullecía por estar a la par de los países del primer mundo, ha quedado rezagada, mendigando vacunas y sin respetar los tiempos de la segunda aplicación, trabando el mercado externo con más impuestos,  ahuyentando a los turistas, cerrando escuelas y enclaustrando a la gente para que no proteste, 

  En mi larga vida esto yo ya lo he vivido y sé todo lo que vendrá, sin embargo los responsables de nuestros destinos que también han vivido la misma odisea, no se acuerdan y vuelven a repetir los mismos errores.

  Ya sabemos que los que cometen el mismo error y no aprenden de las experiencias siempre fracasan y no tienen la más mínima chance de tomar las decisiones coherentes y sabias que todos necesitamos.

Malena Lede