Pasan los años y cambian, no siempre para bien, los modos de vida; entre otras cosas, las parejas se vuelven más inestables, las separaciones son más frecuentes y cada vez hay más divorcios.
Mientras no tengan hijos, una separación no es tan dolorosa y hasta puede ser necesaria en aquellos casos que incluyen actos de violencia; pero cuando una pareja tiene hijos la situación cambia y puede significar para los hijos una situación muy dolorosa y difícil de procesar que puede modificar gravemente sus destinos.
Un niño necesita a un padre y una madre que se ocupen de él, lo ayuden a crecer, a educarse hasta que sea un adulto responsable que pueda cuidar de sí mismo, trabajar y si así lo desea formar su propia familia.
Cuidar a un niño no es tarea fácil pero el amor a los hijos hace que esa responsabilidad que los padres comparten sea grata, al verlos crecer sanos y felices.
Las parejas jóvenes tal vez no saben el daño que le hacen a los hijos cuando se separan, a veces por causas insignificantes y fácilmente reversibles, que no justifican esa drástica decisión.
Es importante que antes de pensar en un divorcio, la pareja tenga oportunidad de pedir ayuda a un profesional experto y que mediante ese interlocutor neutral puedan conciliar todos sus desacuerdos, aclarar todas sus dudas y desprenderse de todas las ideas románticas infantiles que la gran mayoría de jóvenes tienen sobre el matrimonio que no les permiten respetar el compromiso que asumieron libremente.
Ese compromiso no los obliga a interrumpir su crecimiento ni a renunciar a todos sus sueños individuales, al contrario, continuar con el individual desarrollo de cada uno es uno de los requisitos básicos para que una pareja que contrae matrimonio se mantenga en armonía.
Sabemos que cada compromiso que contraemos nos limita, eso es cierto, pero también es cierto que todo lo que hacemos es lo que hemos elegido, por lo tanto, tenemos que saber aceptar esas limitaciones para poder trascenderlas.
Las ataduras las creamos nosotros con la mente porque no hay mejor ejemplo para los hijos que ver a sus padres seguir creciendo con ellos.
¿Por qué hay tantos adolescentes extraviados que eligen destruirse con el alcohol o con las drogas? Porque no tienen un hogar sólido, porque sus padres se pelean frente a ellos como si se odiaran, porque el afecto parece no existir entre ellos.
Hijos sin un hogar que los contengan con padres amorosos, terminan abusando del alcohol, las drogas y las malas compañías, aprenden a relacionarse con el sexo opuesto como sus padres; porque esos niños que han sufrido en sus hogares el dolor de verlos infelices, volverán a recrear los mismos patrones de comportamientos cuando sean mayores.
Tener una pareja estable no se trata solamente de obedecer un mandato social, sino de elegir el mejor modo de vivir, aprendiendo a amar de una manera madura y a crear vínculos sólidos para poder darles a su descendencia lo mejor que se les puede dar, la felicidad de tener un padre y una madre juntos.
Malena Lede
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