El fanatismo político que impera en todo el mundo, lo vemos en las noticias por televisión todos los días. Aún en países saludablemente democráticos existen movimientos que se rebelan frente a la voluntad de la mayorías y que se desquitan cometiendo actos vandálicos contra la propiedad privada e incluso asesinando personas.
A esta altura de la civilización, cuando la historia nos muestra los múltiples derramamientos de sangre inútiles, los fanáticos insisten en hacer prevalecer su ideología política a pesar de la voluntad de la mayor parte de los ciudadanos que se refleja en las urnas.
Siempre es el dinero de quienes desean acceder al poder el que hace posible estas incomprensibles rebeliones y no tanto la opinión política de quienes acceden a participar en ellas, porque hay que reconocer, lamentablemente, que es el dinero el que mueve al mundo.
Mucha mano de obra desocupada sobra para conseguir que accedan a participar en esas bandas de delincuentes a todos aquellos que no reparan en arriesgar sus propias vidas por unos pocos pesos.
Pero no es sólo el beneficio material que obtienen, también encuentran satisfacción en participar de una peligrosa aventura cuando sus vidas se reduce a vagar por las calles sin rumbo.
A pesar de todos los avatares que aquejan a los argentinos, muchos países nos admiran por la continuidad del estado de derecho desde que se restableció la democracia y ese reconocimiento también nos tiene que alentar a mantener la estabilidad política
Contra viento y marea, nos guste o no nos guste y sea quien sea, hay que respetar al gobierno elegido por el pueblo y dejarlo gobernar bien o mal, participando pacíficamente desde la oposición e intentando ofrecer mejores propuestas en el momento de las elecciones.
Los malos gobiernos no necesitan que sus opositores les pongan palos en la rueda, porque si gobiernan mal, ellos mismos se hunden solos.
El pueblo no se equivoca y aún los más necesitados que son engañados con falsas promesas y dádivas, se dan cuenta de quienes los están gobernando, de la corrupción, de las contradicciones, de las falsedades y de las constantes conductas indebidas.
Los hechos siempre son los que tienen la última palabra, no los actos vandálicos.
Malena Lede
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