Existe mucha gente huérfana de afecto que no logra sentirse acompañada ni comprendida. Muchos de los males de este mundo, como las enfermedades, el dolor, la tristeza, la soledad o la depresión, se deben a la carencia de afectos verdaderos.
Está comprobado que toda enfermedad física comenzó siendo un severo malestar psicológico, un sentimiento escondido, no dicho, un dolor profundo que poco a poco va minando al organismo.
Por qué hay en el mundo tantas personas con depresión que se sienten solas y sin deseos de vivir, cuando es tan fácil ser bondadosos con ellas y concederles unos pocos minutos por día?
Una palabra, una sonrisa, un beso, pueden hacer milagros; sin embargo nadie tiene tiempo para los solitarios carentes de afecto.
Todos prefieren estar centrados en sí mismos, pensando en su propio beneficio, su trabajo, su estudio, sus planes y su futuro, mientras el presente pasa desapercibido; sin embargo, de lo único que podemos estar seguros es del momento presente.
Brindar un gesto de amor a otro proporciona una enorme satisfacción; saber que podemos ser en un instante importante para alguien, devolverle las ganas de vivir, cambiar su estado de ánimo, ayudarlo a recuperar su salud.
Qué puede ser más importante que hacer feliz a otro?
Tal vez la gran mayoría piense que más importante puede ser felices ellos mismos, estar en la búsqueda de ganar más dinero, divertirse con un espectáculo, pasear al sol, leer un libro, navegar, escalar una montaña o estar con el ser amado, sin darse cuenta que para disfrutar de todo eso también necesitan de los otros.
La relación con los otros es indispensable aún para estar solos porque dependemos de muchas personas para contar con los servicios esenciales para vivir.
Se puede aprender a ser compasivo y amoroso poniéndose en el lugar de los otros, siendo capaces de padecer con ellos y ayudarlos a recuperar la esperanza en una vida mejor.
No es necesario ir lejos a buscar gente desvalida, sólo hay que estar atentos y dispuestos a brindar ayuda a quien la requiera, aprendiendo a ver las necesidades de los otros y logrando salir de sí mismos y de los propios problemas para darles una mano.
No se trata de dinero, porque el dinero puede ayudar mucho si, pero más puede significar poder captar la verdadera necesidad de los otros que no siempre se pueden comprar con dinero.
Hay personas que necesitan otras cosas, como que las animen, que las tranquilicen, que las aconsejen, que las apoyen, que las acompañen, que las ayuden o que les muestren interés.
Esas personas están solas y se sienten solas; y esa sensación de soledad las lleva a pensar en el vacío y al sin sentido de la existencia y a creer que la vida sólo es una pesada carga que ya no pueden tolerar.
No hay soledad más dolorosa que la que vive mucha gente en las grandes ciudades, donde se está rodeado de mucha gente anónima, extraños que no se conocen, con quienes no pueden ni hablar ni compartir nada.
Necesitar estar con otro, ser escuchado y comprendido, es una necesidad que cualquiera puede satisfacer y que por añadidura le proporcionará una gran satisfacción personal que muchos aún no conocen porque andan por la vida encerrados en sí mismos pensando sólo en su propio ombligo.
Sólo el amor por los otros salvará al mundo, terminará con las guerras incomprensibles, con las atrocidades que se cometen a diario, con la indiferencia y el egoísmo.
La maldad humana produce catástrofes, matanzas, incendios, hambre, miseria y pestes, porque el planeta Tierra también es un organismo consciente que piensa, que sufre y que se enferma.
La peste nos ha aislado aún más y hasta nos miramos con recelo por temor al contagio, haciéndonos sentir cada vez más solos. Pero el amor es el arma más poderosa que tenemos que puede salvarnos de todos los males.
Malena Lede
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