No para todos es fácil acceder a los últimos avances tecnológicos. Muchos se quedan en el camino, otros permanecen rezagados y tienen que pedir ayuda, y los menos los aprenden con facilidad.
Lo nuevo se abalanza sobre nosotros y nos arrastra logrando dejarnos a la deriva llenos de confusión y frustración.
La novedad sobrevuela sobre nuestras cabezas y sigue de largo dejando a su paso el vacío de un enigma difícil de resolver.
Como en una tormenta de arena se van superponiendo las olas de las novedades, las que se vuelven cada vez más y más inaccesibles.
Las cosas funcionan hasta donde llega nuestro conocimiento, luego comienzan a convertirse en jeroglíficos ininteligibles que desmoralizan cualquier intento de interpretarlos.
Es que todos tenemos que convertirnos en programadores de computadoras para poder seguir en carrera siguiendo el tren de los avances tecnológicos.
Para los mayores es todo un desafío sumergirse en el complicado lenguaje cibernético, hasta que no tienen más remedio que abandonar la carrera y dejar que sigan los más jóvenes.
Creo que esta revolución tecnológica es mucho más salvaje que la revolución industrial que se inició en 1789, con el descubrimiento de la máquina de vapor.
En ese momento la gente le temía a los trenes que le parecían muy peligrosos y preferían viajar en diligencias que muchas veces no llegaban porque cuando los caminos se anegaban quedaban varadas en los lugares más lejanos e inhóspitos con la amenaza de ser asaltados.
A pesar de los cambios hay que reconocer que esto último no ha cambiado si nos encontramos circulando en automóvil por una ruta poco transitada, porque los piratas del asfalto acechan como lo hacían los indios hace dos siglos.
Antiguamente trasladarse no era nada fácil asi como recibir noticias frescas, porque el correo se repartía a caballo.
En poco tiempo, porque dos siglos para una civilización no es nada, los cambios han sido dramáticos y en todas las épocas, en un primer momento, fueron rechazados.
Vivimos para aprender todos los días cosas nuevas, si no lo hacemos corremos el riesgo de quedarnos solos y desconectados, como los robots que ya tienen las baterías agotadas.
Mientras tanto, recemos para que tanto la Notebook o el teléfono que tenemos no dejen de funcionar porque ya están viejos; porque el castigo será tener que lidiar con los nuevos, pagar altas sumas dedinero, aprender su nuevo funcionamiento y familiarizarse con ellos hasta llegar a amarlos y conocerlos casi como a nuestros familiares o amigos.
Malena Lede
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