Los milagros son fenómenos que desafían toda lógica y toda razón. En un mundo en que una gran mayoría sólo cree a la ciencia, hablar de milagros significa desvalorizar los innumerables y valiosos conocimientos científicos logrados y elegir creer en brujos.
Sin embargo, cuando una persona se encuentra frente a un peligro de muerte inminente, cualquier recurso que crea que puede ayudarlo es posible que actúe en él en forma positiva si esa persona tiene fe.
La fe es una forma de pensar que se puede desarrollar; y si pensamos que somos lo que pensamos es lógico inferir que creer puede hacer milagros.
Hemos pasado toda la vida creando a la persona que somos y fueron nuestros pensamientos, nuestras experiencias y el modo de asimilar estas experiencias las que han contribuido a Ser quienes somos.
El modo de ver el mundo de cada uno es único de manera que cada uno vive en su propio mundo.
El cuerpo es perfecto, posee un mecanismo de autorregulación que le permite adaptarse a las condiciones más adversas. Cuando este equilibrio se rompe no sólo se debe a una bacteria o un virus que nos atacó sino que nos hemos convertido en un campo propicio para el desarrollo de una enfermedad o incluso nos predispone a sufrir un accidente.
Hay personas que no se enferman nunca y otras que siempre padecen de algún trastorno que interfiere en su cotidiano vivir.
No se trata de no tener problemas sino de cómo vivimos los problemas.
Una vez que se desarrolla una enfermedad grave no todas las personas responden de la misma forma.
La mayoría inconscientemente cree que no sanará porque en última instancia es lo que estaban deseando aunque no lo sepan; pero hay otros que reaccionan de otra manera porque creen que se van a curar, tienen fe.
La fe es creer ciegamente en algo o alguien que trasciende el poder humano, como una religión o el chamán de una tribu que se considera poseedor de poderes mágicos.
La fe tiene el poder de modificar el cuerpo, los órganos afectados y principalmente la forma de pensar de la gente; de modo que si cambian de forma de pensar también pueden cambiar su cuerpo.
Es común que las enfermedades empiecen cuando termina un ciclo de la vida que obliga a cambiar.
El cambio es muchas veces peor que la muerte por eso muchos se enferman cuando se jubilan, cambian de lugar de residencia, pierden a sus parejas, se van los hijos del hogar o son despedidos de sus trabajos.
El miedo al cambio disminuye las defensas porque la persona se siente agredida, abandonada, desamparada y pierde gran parte del sentido de su vida.
Por eso es indispensable seguir siempre elaborando nuevos proyectos, teniendo amigos personales, oportunidades para disfrutar de entretenimientos, salidas sociales y actividades recreativas.
Mover el cuerpo también es muy terapéutico cuando una persona se encuentra al borde de la depresión. El baile y el ejercicio físico son las mejores elecciones pero para quienes prefieren más las actividades culturales pueden disfrutar con el arte, la lectura, el teatro o el cine.
Lo más importante es ser capaz de romper con la inercia, que es lo más difícil, y decir basta, sin dejar de buscar un nuevo rumbo antes de que la frustración se materialice y se convierta en un síntoma..
Malena Lede
Publicar un comentario
Muchas gracias por participar de este espacio!