Los creyentes hemos aprendido que Dios está en todas partes, pero ¿cómo imaginar a Dios en todas partes?
Cada vez que estamos en profundo silencio, muchos tenemos la sensación de que no estamos solos aunque no haya nadie a nuestro alrededor, por lo tanto, si logramos concentrarnos, podemos percibir a Dios.
Hay momentos en que podemos sentirnos plenos y felices, bien con nosotros mismos y en armonía con el mundo. En esos momentos podemos sentir que Dios está con nosotros y tenemos necesidad de darle las gracias.
Si amamos nuestro trabajo y estamos contentos con lo que hacemos, somos más felices y más sanos, porque también en el trabajo que hacemos con amor está Dios.
Si sabemos mirar la naturaleza, ésta nos enseña que todo ser vivo necesita desarrollarse y crecer y que todo en este mundo es evolución. En la exuberancia de la naturaleza podemos ver a Dios.
Cuando sentimos piedad, compasión y amor, Dios se está manifestando en nosotros naturalmente para hacer el bien, porque sólo el amor es la fuerza unificadora que mantiene el orden universal. En el amor, la compasión y la piedad está Dios.
Dios es la vida y la muerte, los opuestos que hicieron posible la creación, por lo tanto Dios también está en nosotros y con nosotros.
Por qué muchos se sienten incompletos, solos y a la deriva, porque no creen en Dios y esta vida sin Dios no tiene ningún sentido.
El que puede amar al prójimo como a sí mismo también ama a Dios, porque en el otro está Dios y el que quiere creer en Dios ya está creyendo en Él, porque es imposible creer en algo que no existe.
Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios por lo tanto tenemos la capacidad de ser como Él, sin ningún esfuerzo, naturalmente, siendo auténticamente como somos y tratando de llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos.
Dios no necesita que estemos todo el día rezándole o adorándole, sólo pretende que cada uno de nosotros seamos quienes realmente somos.
Malena Lede
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