Una nueva película con un alto contenido de sadismo y violencia, se puede ver por televisión, aparentemente sin restricciones, lo que ha provocado un efecto nocivo en algunos menores que al no lograr diferenciar la ficción de la realidad, comenzaron a imitar las tortuosas escenas que se muestran en ese film.
La trama se refiere a un juego siniestro entre chicos en el cual el que pierde es asesinado, lo que demuestra el poco respeto por la vida y la bajeza de los recursos para atraer al público.
Es lamentable cómo ciertos personajes que se dedican a hacer películas, sin ningún tipo de filtro, no pueden evitar mostrar su falta de valores para competir en su trabajo y ganar dinero fácil, sin reparar en los posibles efectos que pueden tener las nocivas escenas que imaginan, en quienes pueden tener potencialmente cierta predisposición a identificarse con personajes violentos, al no poder distinguir la diferencia entre la ficción y la realidad.
Es evidente que los espectáculos públicos en la actualidad pueden cometer trasgresiones libremente, sin sufrir ningún tipo de sanción, y los padres colaborar con ellos permitiéndole a sus hijos manejar el control remoto de sus televisores con toda libertad, cualquiera sea la edad que tengan.
Estamos creando monstruos y lo podemos comprobar leyendo la crónica diaria, porque ya tenemos adolescentes esperando el fallo de la justicia por matar sin ninguna compasión a un compañero a patadas simplemente porque les molestaba o no les gustaba o tal vez para poder descargar su odio reprimido o su instinto asesino en un inocente y poder experimentar alguna emoción.
Son psicópatas, personas que no sienten emoción alguna, que no tienen conciencia del bien ni del mal, y capaces de torturar y matar a cualquiera sin motivo alguno.
Estos jóvenes seguramente serán declarados inimputables por haber sido en el momento del hecho todavía menores de edad y que puedan continuar circulando libremente entre nosotros hasta que un día, muy probablemente vuelvan a delinquir, porque la psicopatía es incurable.
Estamos viviendo una época en la que todo vale, no existen inhibiciones ni frenos ni tampoco ninguna garantía de salir a la calle y volver sano y salvo.
La decadencia de una sociedad es inevitable cuando se derrumban todos los valores, cuando le puede pasar cualquier cosa a un inocente y cuando nadie está seguro en ningún lado.
Mientras tanto, los entretenimientos compiten con proyectos cada vez más escabrosos, historias inverosímiles, personajes monstruosos y argumentos tortuosos; porque cuando se carece de talento se recurre a los golpes bajos sensacionalistas que dan que hablar y generan buenos dividendos.
Estamos rodeados de perdedores, gente mediocre, sin ideas, copiones sin escrúpulos, incapaces, buenos para nada, que generalmente pueden acceder a un círculo de relaciones que los ayuda a concretar sus disparates.
La televisión es un medio que actualmente está contribuyendo a difundir de todo menos cultura. Todos copian y ninguno piensa, pero a pesar de todo, para alguno podría significar el trampolín a la fama.
Porque lo que realmente importa de todo esto es que se venda el jabón, el detergente o el producto que auspicia los programas.
Malena Lede
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