2008/09/18

El Cerebro y la Resucitación


Una persona se considera muerta cuando no tiene ritmo cardíaco ni actividad cerebral alguna y ese estado supuestamente, es irreversible.

Si el cerebro no recibe sangre durante cinco minutos puede sufrir lesiones graves o producir la muerte.

Sin embargo, en ciertas circunstancias, se puede reanimar un cuerpo después de varias horas de fallecer si ha estado sometida a los efectos del frío, situación que produce un descenso drástico del metabolismo y una disminución del flujo de la sangre al cerebro, condición que lo preserva de lesiones y hace posible la resucitación.

Brad Keller, de Arizona, EE.UU. fue diagnosticado de un aneurisma localizado en la base del cerebro. Esto significa la presencia de una dilatación de un vaso sanguíneo que puede estallar en cualquier momento y ocasionar la muerte.

La perspectiva de esta malformación es de 5 años de vida, luego de los cuales el 85% de los pacientes muere.

La única esperanza para Brad era una operación muy compleja y muy difícil, ya que su aneurisma además, se encontraba en la intersección de varios nervios.

El médico que realizó la operación fue el Dr. Spetzler, el mismo que operó a Pamela Raimond, hace unos años, aquejada del mismo trastorno, quien durante esa operación, estando completamente anestesiada, pudo visualizar a los médicos y a las enfermeras, así como los detalles del instrumental que utilizaron, y además tener una experiencia trascendente y visualizar a sus seres queridos fallecidos.

La operación de Brad, al igual que la de Pam, exige poner al paciente en estado de muerte o animación suspendida, provocándole un paro cardíaco hipotérmico.

Este procedimiento consiste en enfriar el cuerpo hasta que el corazón se detenga y el paciente esté clínicamente muerto, sin latido cardíaco y sin actividad cerebral alguna.

El aneurisma se encoge cuando se detiene el flujo de sangre al cerebro y la actividad metabólic, haciendo más fácil su remoción.

Los riesgos de esta operación son muchos. El paciente puede perder la vida, quedar en coma, sufrir parálisis o infecciones graves, de modo que suele ser una decisión difícil.

Brad Keller estaba a punto de casarse y le descubrieron el aneurisma antes que estallara en su cabeza y terminara con su vida, contando con esta única posibilidad para salvarse y poder continuar con su vida normalmente sin esa amenaza acechándolo.

Decidió por lo tanto someterse a la operación del cerebro que necesitaba.

Una vez en el quirófano los médicos proceden a extraerle la sangre de su cuerpo trasladándola a un tanque con hielo para posteriormente retornarla después de finalizada la operación.

Al alcanzar los 27 grados de temperatura el corazón de Brad se detiene.

A los diez minutos de estar muerto, cuando su cuerpo alcanza los doce grados de temperatura, los cirujanos quitan el aneurisma.

Los cirujanos trabajaron sin flujo sanguíneo durante una hora.

Este paciente estuvo clínicamente muerto, durante la operación, sin presión sanguínea, sin latidos cardíacos y presentando un electroencefalograma plano, pero como su cuerpo estaba frío, esta situación puede ser reversible.

¿Dónde va la conciencia durante todo ese tiempo y qué es entonces la muerte?

Una vez terminado el proceso quirúrgico, es bombeada nuevamente la sangre hacia su cuerpo, calentada previamente, y esa condición hace que el corazón se active y logre espontáneamente su ritmo normal, sin necesidad de medios mecánicos.

La operación de Brad es un éxito, los médicos lograron preservar todos sus vasos sanguíneos y todas las pruebas neurológicas salen bien.

A los tres meses este paciente está en su casa y en poco tiempo su recuperación es total.

Cuando le preguntaron cómo enfrentó esta situación Brad dijo que siempre había mantenido una actitud positiva y que nunca había dudado que se salvaría. Antes de la operación él y su novia rezaron toda una noche y luego se entregó por completo y dejó que Dios se ocupara de él.

Actualmente se está experimentando una práctica alternativa de la hipotermia. Es una nueva tecnología que gana tiempo para disminuir los riesgos de lesiones cerebrales y evita a la vez detener el corazón, ya que no siempre la hipotermia da resultado.

El médico dedicado a esta investigación está utilizando un gas letal (sulfuro de hidrógeno) para provocar la animación suspendida, que no llega a provocar la muerte sino que produce un funcionamiento cardíaco mucho más lento y una actividad metabólica más reducida.

De esta manera se puede tener el tiempo suficiente para la operación y evitar daños irreversibles.

La medicina sigue adelante con su empeño de ganarle la batalla a la muerte.
Ver también: ADN

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