2013/11/12

Justine Bieber y el peso de la fama


Los fanáticos seguidores de ídolos juveniles hoy se han desilusionado con la conducta errática y arbitraria de uno de ellos, de gran renombre, que está actualmente de paso por Argentina, Justine Bieber; no solamente por haber interrumpido su presentación en Córdoba, que demuestra falta de conducta profesional, sino también por poner a prueba la paciencia de su público haciéndolo esperar una hora para iniciar su espectáculo y por la actitud hostil tanto de él como de sus custodios hacia los fotógrafos.

Pero también es cierto que si hay gente dispuesta a desembolsar miles de dólares para verlo de cerca y hablar con él, no se puede pretender que esa persona conserve el buen juicio y se comporte normalmente.

Cómodo en su pedestal, no duda entonces en atreverse a ser irresponsable con sus compromisos porque está seguro que como siempre, a un ídolo se le perdona todo.

Sin embargo, muchas voces airadas del público cordobés, que asistió a su recital, se hicieron oír reclamando compensaciones por haber presenciado un acto incompleto, por el que tuvo que desembolsar mucho dinero.

¿Hasta dónde son capaces de llegar quienes, por razones que no son fáciles comprender, se adueñan de la voluntad de miles de “fans” dispuestos a pagar altas sumas para verlos?

Parecen no tener límites o a lo mejor están probando hasta qué punto son capaces de manipular voluntades, con sus caprichos.

Estos jóvenes que ya son grandes para hacer cosas de niños, no solamente estafan al público sino que también manosean a sus colaboradores en el espectáculo, sin importarles su perjuicio, sin pensar que sin ellos, no podrían hacer ningún espectáculo.

Los ídolos tienen que pagar un precio muy alto por ocupar un lugar que todos envidian y llegar a ser ovacionado, admirado y querido por miles de fanáticos, gracias a la compleja maquinaria del marketing.

Entrar en la maraña de esas complicadas organizaciones es lo mismo que vender el alma al diablo y muchas veces termina con la vida de quienes, obnubilados por el deseo de éxito, se atreven a hacerlo.

Hay miles de jóvenes que cantan bien, que se mueven con gracia y con todas las condiciones para convertirse en un éxito, pero no todos están dispuestos a arriesgarse porque la firma de un contrato a largo plazo implica la pérdida de la libertad en todos los aspectos.

Es probable que la motivación de los ídolos para “portarse mal” sea la lógica consecuencia del aburrimiento y el hastío que sienten por estar sometidos a tantas presiones y tener que enfrentar obligaciones que los convierten en títeres de oro.

No pueden comprender, que sin giras por todo el mundo y sin espectáculos multitudinarios, toda esa estructura no se puede mantener y que los que invierten en ellos no están dispuestos a perder.

La fama en el espectáculo tiene, como todo, dos caras: la satisfacción pero también la desgracia de ser un ídolo conocido por todos, por las dificultades que esto implica, como la imposibilidad de salir y entrar cuando quiera sin custodia, asistir a espectáculos, comer en los mejores restaurantes, tener amigos o parejas sin que se publique, viajar solo, etc.

Logran el éxito pero renuncian a tener una vida, ceden su derecho a la intimidad y se arriesgan a terminar como muchos otros ídolos, que fueron olvidados y que han caído hasta lo más bajo por no poder enfrentar la vida de otro modo.

Estoy segura que detrás de este atrevido personaje, hay alguien que está muy asustado del monstruo que construyó.

Malena

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