2009/08/20

Vidas y Vueltas - Capítulo IV - La Vida en Comodoro Rivadavia -


Capítulos anteriores:

Capítulo I - Una familia tipo
Capítulo II - Los inmigrantes
Capítulo III - El almacén de Ramos Generales


La fundación de Comodoro Rivadavia fue el 23 de febrero de 1901 cuando llega un importante cargamento de mercaderías para el abastecimiento local; pero recién en 1902 comienzan a arribar las primeras familias.

En ese año el pueblo llegó a contar con 215 habitantes que construyeron 65 viviendas, pero después de dos años se duplicó la población y fueron construidas más casas.

En 1905 la mayoría de los pobladores eran inmigrantes extranjeros provenientes de España, Portugal e Italia.

Para esa época fue cuando comenzó a proyectarse la construcción de una línea férrea, que hoy en día es el ferrocarril Sarmiento.

Lo más destacado de la historia de Comodoro es el descubrimiento del petróleo, en la oportunidad en que se encontraba funcionando la segunda perforadora que había llegado en busca de agua.

Esta circunstancia generó la afluencia de trabajadores desde todas partes, principalmente cuando comenzaron las obras para construir el ferrocarril que se inauguró en 1912 y que llegaba hasta Colonia Sarmiento.

Dos años antes habían comenzado a proyectarse películas en el primer biógrafo del pueblo que funcionaba en el Hotel Águila.

Los Murphy se establecieron en Comodoro para esa época en el momento en que se incrementaban las exportaciones de lanas y cueros desde la Patagonia hacia Europa y los Estados Unidos.

Fue un momento de crecimiento y esplendor que duró hasta los años treinta en que se produjo una depresión económica mundial.

El matrimonio vivía en las afueras, todavía no habían podido habituarse al silbido permanente del viento que llenaba todos los rincones de polvo y formaba una tenue neblina en el aire.

Por las calles polvorientas del pueblo, transitaban más hombres que mujeres. Desde hacía rato funcionaban varios prostíbulos, demasiados para la densidad de población que había en esos tiempos, pero pocos para satisfacer las necesidad de tantos hombres solos.

El abuelo de Martha era un hombre de hogar no afecto a entrar en esos tugurios mal olientes que atraía a casi todos y más aún a los que estaban acostumbrados a gastar su dinero en mujeres.

Además, él amaba a Mildred y era muy feliz con ella, más ahora que ya estaba esperando su primer hijo.

Ahora que había aprendido a amar a una mujer se preocupaba por su seguridad y también por la de su hijo, ya que había habido una epidemia de escarlatina que afectó a la población dos veces y que temía podría ser otra vez una amenaza. Pero la vida fue generosa con ellos porque a pesar de que no había ningún médico, a su debido tiempo su hijo nació normalmente sano y fuerte.

Mildred aprendió mucho de las mujeres que tenía a su servicio y pronto adquirió muchas habilidades como para pasar entretenida la mayor parte del día.

En el verano, después de la cosecha, en la casa se hacían los dulces y las conservas que les permitía abastecerse durante todo el año.

Los inviernos eran largos y fríos y a veces no podían salir por las fuertes nevadas. En esos días grises y oscuros las mujeres que trabajaban en la casa se reunían en la cocina. Algunas cocinaban, otras cosían o tejían y otras se dedicaban a hilar lana utilizando una antigua rueca, mientras Mildred en el salón solía entretenerse tocando el piano.

Pero pronto en la casa se escucharía el bullicio que hacen los niños, después que nacieron sus otros dos hijos.


Capítulo Siguiente: Capítulo V - Los chicos crecen

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