PROFESIONALES INEPTOS - Psicología Malena Lede

    Graduarse como profesional de una carrera universitaria no es suficiente para dominar una disciplina, porque además exige adquirir la experiencia necesaria para no cometer errores irreparables en el ejercicio de la profesión.

    Con respecto a los médicos que se dedican a una especialidad, es necesario que aprendan que los pacientes que necesitan de sus servicios no son solamente un órgano enfermo que necesitan sanar sino una persona total.

    Muchos médicos especialistas con poca experiencia no sólo no examinan a sus pacientes como un todo sino que tampoco hablan con ellos ni se molestan en observarlo detenidamente de pies a cabeza, porque piensan que para eso está el médico clínico, pero lamentablemente los médicos clínicos hacen lo mismo.

    La excusa que ponen los médicos en general,  es que el sistema no permite dedicarle a los pacientes  el tiempo necesario.

    Sin embargo, estoy convencida que no se trata de tiempo sino de poco interés en la profesión que han elegido.  Porque hay médicos que sin perder tanto tiempo se toman la molestia de observar a sus pacientes en su totalidad,  desde que entra al consultorio hasta que se va, que pone atención a cómo se expresa, su estado de ánimo, su aspecto general, el color de su piel; detalles que demandan apenas unos breves minutos y que pueden ser cruciales y muy reveladores sin atentar contra el buen funcionamiento del sistema.

   Un mal diagnóstico equivale también a un tratamiento erróneo e ineficaz y en el peor de los casos hasta puede comprometer la vida de un paciente.

   Es verdad que los médicos no pueden recordar absolutamente todo lo que estudiaron en la Universidad pero si es su deber saber dónde tienen que buscar la información que necesitan.  Esa es la verdadera manera de ejercer una profesión y la posibilidad de seguir aprendiendo.

   Hoy en día hay muchos profesionales que jamás leyeron un libro relacionado con su profesión y que cuando estudiaban tampoco asistían a las clases teóricas que comúnmente no son de asistencia obligatoria.

   Los pocos conocimientos que han adquirido los obtuvieron de fuentes pocos confiables, apuntes que venden otros alumnos que se toman el trabajo de ir a las clases teóricas y de fichas con los resúmenes de las distintas materias.

   Yo he cursado mi carrera terciaria en una universidad estatal y en dos privadas, por haber tenido que radicarme en otra provincia mientras estudiaba.

   Mi experiencia como estudiante está llena de vergüenza ajena, por ser testigo de lo poco que estudian los alumnos y de cómo se copian en los exámenes.

   Eso pasó hace ya muchos años, pero no quiero pensar lo que debe ser ahora que la educación parece estar precipitándose a un abismo sin retorno.  No sólo los estudiantes terciarios no se interesan por los contenidos de la carrera que han elegido sino que apenas saben escribir sin faltas de ortografías ni leer de corrido.

  Por todo esto, todos estamos en manos de profesionales incompetentes que no sólo no saben sino que tampoco están dispuestos a crear el necesario vínculo con sus clientes o pacientes que suele ser tanto o más importante que cualquier tecnología o medicina.

  Se sabe positivamente que la presencia de un médico por sí sola es capaz de mejorar el estado de un enfermo, o sea que sólo con saber que hay un profesional dispuesto a atenderlo  puede presentar una  mejoría.

  Por eso,  todo profesional, principalmente del ámbito de la medicina médico tiene que tener presente que su tarea no se reduce a prescribir remedios sino que requiere  reconfortar, tranquilizar y apoyar a quien necesita su asistencia y saber que su actitud puede contribuir a recuperar la salud.

  No sólo los médicos saben cada vez menos, también los arquitectos, los ingenieros, los contadores, los abogados, etc.; porque a la falta de responsabilidad hay que agregarle el único propósito que muchos de  ellos priorizan en el ejercicio de sus profesiones, que es los beneficios económicos que les pueden  redituar.

  Las consecuencias de las deficiencias en la educación en todos los niveles, se pueden ver por televisión, porque diariamente se producen verdaderas tragedias, edificios que se desploman, gente que muere sin saber de qué, puentes que colapsan, aviones que caen por fallas técnicas y tantas otros hechos lamentables que con una mayor eficiencia profesional podrían evitarse.

Malena Lede